De un tiempo a esta parte el pasado camina conmigo.
A veces lucha por detener mis pasos, pero luego desiste, calla y sigue caminando.
Quizás añora el color y dejar de ser la sombra.
Quizás sólo quiere no ser olvidado.
Si estuviera tumbado en el suelo me crecerían plantas y flores. Como me tumbo en un lecho me brotan sueños e ilusiones. Intentaré dejarles sin abono, para que sobreviva sólo aquello que valga la pena.
Una forma del arte:
vivir los propios sueños y no los de otros.
El primer paso es saber identificarlos.
¿Y qué fue de aquel dolor que tanto me dolía?
¿Dónde quedaron esas noches sin medida,
el trajinar oscuro,
cuando desesperaba
y las flechas me acertaban desde lejos?
¿Qué fue de esos amores tan ingratos?
Y, a todo eso…
¿dónde quedaron mis ansias insumisas?
¿Y las letras que derramé sin sentido sobre vientres que después las enjuagaban?
¿Y las pesadillas, las malas palabras,
los absurdos planes de dominio
o la ansiosa y brutal impericia?
¿Qué pasó con mis lágrimas en la penumbra
que a todos ocultaba?
Hoy ya nada me duele,
nada parece desperdicio…
Y eso me es tan extraño.
¿Habré perdido el dolor que tanto me dolía
y sólo queda el vacío
para recordar aquello que vivía?