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Lo que ya se tiene

Fecha: 28 de marzo de 2020 Categoría: Agudezas Comentarios: 0

Los triunfos, los reconocimientos, valen por lo que hacemos con ellos.

No dan: resaltan lo que ya se tiene.

Amarilis

Fecha: 27 de marzo de 2020 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0

¿Dónde quedó Sesti, que tanto hablaba de una tal Amarilis? Un día su padre vino por él. Se lo llevó y jamás volvió. Quizás no era su camino por aquí. Quizás no tenía ninguno. Lo cierto es que no parecía preocuparse por nada ni por nadie. Sólo por Amarilis. Un día me enseñó una foto de ella: una mulata carnosa que le llevaba unos buenos años. Quizás su padre lo mandó lejos para que la olvidara. Lo cierto es que nunca la dejó ir. Se gastaba la pensión del mes en llamadas hasta su lejano país. Quizás el padre descubrió que la suya era una causa perdida o supo que la mejor forma de que Sesti olvidara a Amarilis era regresándolo al alcance de ella. Quizás eso pasó. La mejor forma de hacer algo inolvidable es teniéndolo lejos. La mejor forma de olvidarlo es teniéndolo a la mano. Me gustaría saber de Sesti en estos momentos. Estoy seguro que ya ni se acuerda de Amarilis. Debió conocer muchas Amarilis después de la primera. Quizás la tal Amarilis solo vive en mi recuerdo o mejor dicho, en mi recuerdo de Sesti cuando hablaba de Amarilis. Total, de lo que sí estoy seguro es que esto a nadie le importa. Mucho menos a Sesti. Quizás ni a la misma Amarilis.

El pacto con la irrealidad.

Fecha: 24 de marzo de 2020 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0

Una mujer que debe leerse es Karen Horney, quien en sus inicios se inscribió en la escuela psicoanalítica, pero terminó como disidente de ella, formulando sus propias e interesantes teorías. Una de esas teorías, bastante luminosa, es la diferenciación entre el “yo real” y el “yo ideal”.

Sin profundizar aquí, diremos que todos tenemos esa dualidad: un “yo real” que sentimos poco agraciado y torpe comparado con un “yo ideal”, que es como nos vemos, como suponemos que pueden vernos los demás o como desearíamos ser vistos.

Algunos ejemplos, burdos si se quiere, pueden ilustrar esas dos formas del “yo”:

-Si soy una persona conflictiva, que todo lo discute y que tiene rasgos intolerantes hacia los demás, supondré que soy una persona proactiva, que gusta decir las cosas con franqueza y que defiende sus ideales.

-Si soy una persona con serios problemas para reconocer la autoridad y acatar las reglas, me diré que soy un amante de la libertad, un rebelde o incluso un revolucionario.

-Si soy una persona floja, dada a la pereza y la indecisión, podré concebirme como una persona reflexiva y serena que analiza todo antes de actuar.

Podríamos seguir hasta el infinito.

Incluso hay personas que siendo de una forma se ostentan como todo lo contrario.

-Hay hombres que desprecian a las mujeres, por ejemplo, pero se ostentan como adalides de las causas femeninas.

-También existen mujeres que odian a los hombres por algo, pero que adornan su impulso esencial con argumentos de justicia y reivindicación.

Para Horney esta dualidad existe en todos nosotros, pero algunos la llevan a extremos, lo cual es una de las expresiones de la personalidad neurótica o disociada de la realidad.

En esos extremos el “yo ideal” llega a suplantar al “yo real” hasta que casi se vuelve invisible.

Horney añade un maravilloso punto de vista: ese dominio del yo idealizado sobre el real llega ser una forma del famoso “pacto con el diablo”, del que tanto habla la literatura.

Al pactar con lo no real, vivimos una vida falsa, fuera de la realidad, persiguiendo una idealidad que está alejada de lo que somos.

Pactamos con lo no real, hasta que llega el momento final, el de la muerte y es cuando nos damos cuenta de que vivimos engañándonos, pero sin poder engañar a Dios.

Me imagino que llegaremos con el Creador y le diremos que en realidad fuimos buenas personas, pero él nos dirá la verdad. Y si no existe el Creador, nadie podrá engañarse a sí mismo en el momento de la muerte, cuando el yo ideal ya no tenga necesidad de existir y nos deje desnudos frente a la realidad que agoniza.

De forma constante vemos que los peores maleantes, narcotraficantes y asesinos van a misa, hacen donaciones y hasta intentan hacer algo de bien con sus ganancias ilícitas. Deben estar engañándose y diciéndose: “hago cosas malas, pero en realidad son una persona buena que hace lo necesario para sobrevivir y ayudar a los demás”. Si claro. Es su yo ideal intentando sepultar al yo real, pero en el momento final se darán cuenta que estaban pactando con el mal.

Una vieja película de Alan Parker, con las actuaciones de Robert De Niro y el extraordinario Mickey Rourke, Angel Heart (conocida en México como “Corazón Satánico”) es muy elocuente al respecto. Allí se ve con claridad el conflicto entre lo que somos y lo que creemos ser o, mejor dicho, lo que nos hemos convencido de ser.

Reflexiones desde el encierro 1

Fecha: 21 de marzo de 2020 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0

Parecer es lo más cercano a ser.

Si pareces tonto, lo más probable es que termines siéndolo.

Si dices tonterías, aunque sea por juego, es seguro que terminarás pensando tonterías.

Por eso es mejor intentar parecer inteligente diciendo cosas inteligentes: tarde o temprano terminarás considerado así.

La muerte del Popeye

Fecha: 20 de marzo de 2020 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0

El periodo comprendido entre finales de los años setenta y principios de los noventa, en Colombia, es digno de un estudio detallado. Fueron los años de la guerra contra los primeros grandes cárteles de la historia. Fueron años, también, de un agudo conflicto armado, con guerrillas de retórica izquierdista y grupos paramilitares de derecha. Fue como si todas las expresiones de la locura se dieran cita en un periodo concreto y, como suele pasar, esos momentos críticos arrojan luz sobre personalidades que asumen rasgos extravagantes.

El material es colorido: políticos de grandes dotes oratorias, presidentes atrapados en su circunstancia, funcionarios corruptos, intrigantes ligados al poder, narcotraficantes que parecen extraídos de una novela fantástica, sicarios pintorescos, periodistas valientes, policías heroicos y muchos actores más de esta forma de teatro del absurdo. Como ficción sonaría poco creíble, pero fue la pura realidad.

Uno de los sobrevivientes de ese periodo fue Jhon (sic) Jairo Velásquez Vásquez, más conocido como Popeye, uno de los sicarios de Pablo Escobar.

La personalidad de Popeye no desmintió jamás su inclusión en ese periodo trágico y a la vez estrafalario de la historia colombiana: era un asesino frío que no dudaba en confesar su participación en asesinatos directos (se le atribuyeron entre 250 y 300) e indirectos (quizás 3 mil). Pero a la vez, este sicario tenía extrañas habilidades oratorias y de comunicación (basta revisar sus entrevistas, ampliamente difundidas en internet para confirmarlo) y poseía una memoria sorprendente para reconstruir acontecimientos vitales en la historia de esos años violentos, a tal grado que se consideraba a sí mismo como “la memoria viva del cártel de Medellín”.

Fue encarcelado bajo acusaciones de terrorismo, narcotráfico y homicidio desde 1992. Durante el 2000 y el 2001 estuvo involucrado en los famosos enfrentamientos armados en la cárcel La Modelo (hechos que inspirarían el libro y la famosa serie: “Sobreviviendo a Escobar”).

Fue liberado en 2014, lo cual aprovechó para convertirse en un personaje de los medios de comunicación. Escribió un par de libros, bastante exitosos y contó con un célebre canal de YouTube llamado “Popeye Arrepentido”, donde llegó a contar con más de 1 millón de suscriptores.

Fue vuelto a encarcelar en 2018 por delitos de extorsión (al parecer reclamó grandes cantidades de recursos a familias de antiguos narcotraficantes). En esta última reclusión fue diagnosticado de cáncer y murió hace poco, el 6 de febrero de este año. Tenía 57 años y había pasado unos 24 preso.

No creo que sea apropiado sentir tristeza por el deceso de un asesino frío, pero creo que con Popeye mueren muchas historias que podrían ser ilustrativas de los abismos a los que puede llegar la naturaleza humana.

Esas historias no se van todavía: pueden regresar en cualquier momento.