Apuntes

Apuntes por categoría

Cosa de cerdos

Fecha: 11 de septiembre de 2019 Categoría: Atisbos Comentarios: 0

Leyendo a Clemente de Alejandría me encontré esto: «Los cerdos gozan con el fango, mucho más que con el agua cristalina». Es tan cierto. Sería imposible que gustaran de un elemento distinto al que gozan y para el que parecen hechos. Cuando así sucede, cuando se les saca del fango para criarlos con cierta higiene, parecen fuera de lugar. Se diría que hasta sufren.

Dejarse caer

Fecha: 11 de septiembre de 2019 Categoría: Eso que brota Comentarios: 0

Esta noche no leeré,
me dejaré caer entre tus dedos.
Buscaré pasos,
no letras.
Intentaré el silencio
sin decirme pensamientos
y volveré a mis sueños
mientras duermes.

Aparentes certezas

Fecha: 11 de septiembre de 2019 Categoría: Agudezas Comentarios: 0

Saber es difícil, pero suponer que se sabe es muy fácil.

Los que saben dudan, pero los que suponen saber son apasionados en su equívoco y se niegan a admitir duda alguna.

La apariencia de certeza, errática y falsa, genera una emoción más intensa que la certeza real.

Aristóteles decía, en su Ética a Nicómaco, que quienes analizan a la realidad por opiniones, no por juicios profundos, parecen estar muy convencidos de sus propios dichos.

Cementerio con vida

Fecha: 2 de septiembre de 2019 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0

Ayer caminé por un pueblo sosegado y feliz, por lo menos en apariencia. Es como un oasis en medio del deterioro de lo demás. Hasta su panteón es bello. Las tumbas se deslizan por una barranca verde y las lápidas están pintadas de colores. Por si fuera poco, en cada tramo surge algún arbusto con flores, de ésas que lucen y a la vez resisten, de las que no se marchitan con los días luminosos. El conjunto es una explosión de color, casi infantil. No parece cementerio, sino paseo. Así deberían ser todos los panteones del mundo: lugares donde no cunda el dolor, sino la celebración. Espacios donde los chiquillos puedan correr y reír, sin faltar el respeto a la vida o a la muerte. En fin, se ve que aquí da gusto morirse.

Correteando ardillas

Fecha: 2 de septiembre de 2019 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0

En un jardín cercano veo, cada mañana, a un perro de la raza dachshund o salchicha, de pelo corto y rojizo, que ladra insistente hacia la copa de los árboles. Ayer fui a mirarlo de cerca. Descubrí que persigue unas ardillas que deambulan por las alturas. Es una maravilla verlo en ese frenesí. Corre de un lado a otro, ladrando, con la mirada fija en los animalillos que brincan de rama en rama, trazando en el suelo los movimientos que descubre en el cielo. Yo pensaba que los salchicha eran apropiados para perseguir conejos y otras especies en sus madrigueras subterráneas, pero no sabía de sus obsesiones con los roedores arbóreos. Suelo caminar por ese jardín por una hora o un poco menos y este salchicha, cuyo nombre ignoro, sigue persiguiendo incansable a las sombras saltarinas, anhelando a que alguna caiga y se deje atrapar. Pero las ardillas no suelen caer. De hecho, nunca he visto una que tropiece, ni siquiera cuando corren por los cables de electricidad. Éstas, en especial, no sólo se mantienen en las alturas: hasta sospecho que se divierten con el tenaz rastreador que las acecha desde el suelo. Brincan con desparpajo y con un entusiasmo casi artificioso cuando descubren al perro mirándolas. Creo que hasta hacen algunas piruetas para mantenerlo expectante y ansioso. Deben gozar provocándolo. Cuando regresé a mi hogar, pensé que todos tenemos algo en común con ese perro testarudo. Nos la pasamos mirando hacia las alturas, esperando que nuestras ambiciones, anhelos y obsesiones caigan a nuestro alcance. Si, correteamos sin tregua a esas figuras raudas que forman nuestros sueños, en lugar de seguir rastros más idóneos y perseguir presas al alcance de nuestra mano. Así me sucede. Quizás hasta doy un poco de pena persiguiendo mis propias presas entre las distantes ramas. Los objetos de mis afanes siguen por allá, revoloteando, sin caer a mi alcance. Incluso sospecho que mis propias ardillas se ríen de mis obsesiones y hasta es posible que se vuelvan más inalcanzables con mis ansiosas miradas. Intentaré, en lo sucesivo, ladrarles un poco menos a las alturas y buscaré un rastro más cercano a mi nariz. He dicho.