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Hechuras

Fecha: 1 de diciembre de 2017 Categoría: Eso que brota Comentarios: 0

Alguien dijo, quizás fue Heráclito,
Protágoras o Empédocles,
(pero yo prefiero creer que fue Heráclito
tan sólo por amor a la resonancia
de su nombre…)

Nota 1: sabemos que no fue Parménides.
Nota 2: eso lo aclaró Platón en su «Teeteto».

Dijo —estaba diciendo—
que en realidad ninguna cosa existe,
pues todas están haciéndose.

Cosa cierta,
mi piel se hace cada día
sus escamas se diluyen en polvo
y lo que ayer sentía hoy se disipa,
los ojos fluyen, miran de nuevo
olvidan lo mirado para mirar dos veces,
y la pasión húmeda se recarga
cuando duerme el deseo
y reposa (desparramado)
lo deseado.

Cosa cierta
—sigo diciendo—
pues crecemos y ensanchamos
por mandato de la especie
y por obra de los años,
pero el ser sigue mudando
y lo que fue ayer es otra cosa hoy
siendo la misma…

¿No fue Heráclito el que dijo
que nadie puede acariciar dos veces
la misma piel?
¿No dijo él que todos entramos
como no entramos
en los mismos misterios del cuerpo amado,
tanto como somos
y no somos
los que estamos en ellos?

Pero quizás no lo dijo él,
quizás fue Protágoras o Empédocles
y me engaña la preferencia sonora
de su nombre…

Nota 3: Y ahora que lo pienso
también pudo ser Parménides
y Platón está equivocado
o lo dijo mal en el Teeteto
(se dice que estuvo equivocado
en tantas cosas)

Lo importante es que parece cierto
que ninguna cosa existe
que sólo están haciéndose
y al hacerse a diario
agotan su energía.

Eso se confirma:
con los años se hace más difícil seguir haciéndose
y lo hecho se ve cada día menos bien hecho…

Morir, entonces, es ya no poder hacerse.
Eso debe ser.
Buscaré si Heráclito (o todos los demás)
dijeron algo sobre eso.

Una modesta aportación

Fecha: 1 de diciembre de 2017 Categoría: Atisbos Comentarios: 0

Es suficiente con inventar que cierta especie es afrodisíaca (toda o en parte) para llevarla a una persecución sin misericordia o incluso condenarla a la extinción. Los impotentes crónicos (de la mente, antes que del cuerpo) exigirán consumir ese producto hasta el delirio, cueste lo que cueste. Así sucede con el rinoceronte (por su cuerno), con el pez totoaba del Golfo de México (por su «buche»), con el llamado «árbol del sexo», Citropsis articulata, pequeño arbusto que crece en las selvas de Uganda (por sus raíces) y, de forma más cercana a nosotros, con la tortuga marina o caguama (por sus huevos). Aprovechando ese impulso insensato de nuestra depredadora especie deberíamos difundir que la basura es afrodisíaca. Así, algunas voluntariosas empresas podrían comprimirla en tabletas para su cómoda deglución y distribuirla a placer entre los desesperados. Habría algunos, incluso, que evitarían el proceso industrial y en un afán ecologista promoverían el consumo directo y natural de la basura, masticándola directamente de los botes frescos, recién salidos de las casas y comercios. Surgirían algunas simpáticas historias, como: «la basura de doña Juana es más efectiva que la de don Tiburcio» o «las bolsas negras preservan mejor las propiedades que las blancas». Otros más desherbarían con diligencia la basura para trenzarla y fumársela con frenesí, en la búsqueda de nuevas sensaciones. En fin, sería creada una cultura del consumo de basura y aliviaríamos un poco a la Tierra de tantos inmundos pero inevitables desechos.

Debería…

Fecha: 1 de diciembre de 2017 Categoría: Atisbos Comentarios: 0

Debería prohibirse la entrada a menores a las películas infantiles…

O al menos organizar funciones sólo para adultos y de esos adultos mudos, que se sientan a comer palomitas y disfrutar de la historia en la pantalla.

También debería prohibirse el doblaje.

También deberían poner funciones toda la noche.

También deberían…

Henestrosa y la mujer que danza

Fecha: 1 de diciembre de 2017 Categoría: Atisbos Comentarios: 0

Veo un documental en el canal 22 sobre Andrés Henestrosa. Alaba a la mujer del Istmo, su belleza, su forma de caminar. Mientras deambula por las calles de Oaxaca chulea a una bailarina ataviada con las galas de su danza y le pide un beso. Ella se acerca y se lo da. No puedo imaginar una imagen más clara del éxito, del gozo de la vida: un beso dado con gusto a un hombre que ya pasaba de los noventa y seguía alabando la belleza de las mujeres de su tierra. Bendito sea. Grata memoria para él.‬ Volveré a leer «Los hombres que dispersó la danza» o algunos de los sabrosos apuntes de su «Alacena de minucias» para rendirle homenaje el día de hoy, nada más por el gusto de recordarlo.

Duda

Fecha: 1 de diciembre de 2017 Categoría: Agudezas Comentarios: 0

¿Qué hacer conmigo a esta hora?