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La era de la prisa

Fecha: 7 de mayo de 2017 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0

Vivimos en la era de la prisa. Todo queremos hacerlo rápido y pasar a otra cosa. No sabemos bien qué es lo que sigue, pero necesitamos seguir corriendo tras eso. Los dispositivos tecnológicos que acortan distancias, que nos localizan y nos ponen en contacto de inmediato, no lograron dilatar nuestro tiempo ni brindarnos calma. Al contrario, nos dieron nuevos motivos para hacer más cosas en menos tiempo y para seguir tras la vida con premura. Incluso, frente a los problemas y retos de lo cotidiano queremos responder con prisa, casi en lo inmediato, lo que nos lleva a elegir lo obvio, lo evidente, lo primero que parece ser la solución. Con tal celeridad los problemas no se resuelven en realidad y los retos terminan postergándose. Einstein decía que no era tan inteligente como todos suponían, sólo se quedaba más tiempo con las preguntas en lugar de arrojarse a las respuestas. Estoy de acuerdo: mirar los problemas y los retos desde todos los puntos de vista nos permite localizar la respuesta más adecuada, no la evidente. Lo evidente es un espejismo de la prisa. Es una trampa para los apresurados.

De mi cuando me miro

Fecha: 7 de mayo de 2017 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0

Me acuerdo de mi cuando me miro. Si dejo de mirarme me aparto de mi, caigo en el olvido y quedo ausente, como ensimismado. ‬

A solas con todos.

Fecha: 7 de mayo de 2017 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0

Cuando estoy a solas me lleno de recuerdos, me susurran al oído viejas lecturas, recupero párrafos que creí olvidados, reaparecen imágenes que di por perdidas. No es raro que me asalten ideas que deseché alguna vez y que regresen sueños que pensé extraviados. A solas me vuelvo otra vez otro, el que quise ser y no encontró formas para lograrlo, pero también insiste (testarudo) el que soy, ése que persiste a pesar de lo que otros digan, aconsejen o quieran. En fin, cuando estoy solo me siento más lleno de tantos que cuando estoy con otros. Wilde decía que cuando estás solo eres todo tuyo. Lo entiendo, pero también es cierto que cuando estoy a solas quedo empapado de todo lo demás.

Yagos, Otelos…

Fecha: 7 de mayo de 2017 Categoría: Agudezas Comentarios: 0

Es un odio lógico el de los yagos hacia los otelos: es el odio genético de lo que se arrastra hacia lo que vuela.

Maestro de vida

Fecha: 24 de abril de 2017 Categoría: Palabra hablada Comentarios: 0

En 1984 o 1985, cuando yo tenía unos 15 o 16 años, llegó a Colima a dar una charla sobre oratoria el maestro José Muñoz Cota. El Consejo Nacional de Recursos para la Atención de la Juventud (CREA) le pidió organizar talleres de esa disciplina en todo el país. Para mí fue una revelación. Yo acumulaba un modesto registro de participaciones desde secundaria y me atraía instintivamente el hablar en público, pero no había conocido a nadie como él. Tenía una voz grave y profunda, una mirada de un azul bondadoso (hay azules gélidos), era muy elegante y brindaba un trato muy cálido. Trasmitía, además, una gran vitalidad, aunque ya estaba en la tercera edad. Cuando hablaba producía el efecto de un revolotear en mis neuronas: arrojaba semillas de ideas que luego germinaban y crecían entre los surcos de mi cabeza. Sus discursos no eran estridentes: estaban hechos de frases cuidadosas, de miles de lecturas acumuladas, de vivencias apasionadas. Combinaban reflexión y emoción con suavidad y contundencia. Era un estilo insólito que no conocía y que sonaba muy distinto a los discursos que escuchaba en esa época en Colima. Lo acompañaron en esa charla la propia gobernadora del estado, Griselda Álvarez, que era su amiga desde hacía muchos años y su pareja, la maestra Alicia Pérez Salazar, que además de inteligente y culta era temperamental y dinámica, como si tuviera un torbellino en el alma. Además, se veía que lo adoraba (se necesita ser un hombre sabio para lograr que una mujer adore así). Ese día dije un discurso frente al maestro que le agradó mucho. Me dijo que era una orador nato y que debería seguir leyendo y practicando. Me dijo algo que siguió diciéndome años después: «para ser un gran orador no sólo debes leer libros, sino bibliotecas enteras». Le hice caso. Ya leía mucho por esos años pero seguí haciéndolo casi hasta el delirio. Aún lo hago. El maestro había sido el primer campeón nacional de oratoria en 1926. Con los años sería fundador de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios, colaborador de Lázaro Cárdenas, diplomático y periodista. Se volvió militante de corrientes disidentes, como el henriquismo y terminó ubicándose en el anarquismo. Escribía libros (poemas, ensayos, discursos) que publicaba con sus propios medios para obsequiarlos, pues para él la cultura no debía costar dinero. Mi personalidad en formación recibió su influencia, algo distante pero siempre presente, de tal forma que hasta la fecha sigo reconociéndome en su ejemplo y sus palabras. Como él, desconfío del valor del dinero y no me complace la acumulación de riquezas. Como funcionario cultural publiqué miles de libros que se distribuyeron gratuitamente en Colima y sigo intentando hacer política leyendo, reflexionando y proponiendo. Cada que podía ir a la Ciudad de México acudía a su taller permanente o lo buscaba para platicar con él y escucharlo hablar. Hace poco le rindieron un homenaje en el Club de Periodistas de México. No pude estar por allí pero me alegró que el maestro sea recordado por tantos. Yo lo tengo presente casi a diario, como se recuerda a los maestros que enseñan a vivir. Aspiro a ser un maestro de vida como él, ojalá lo consiga algún día.