Yo pienso, yo digo, yo hago. Pero alguien quiere que piense poco, que no diga lo que pienso, que no haga lo que digo. Es mi propia voz la que me contradice, es mi propia cabeza la que me confunde, es mi propia lengua la que me desdice.
Yo pienso, yo digo, yo hago. Pero alguien quiere que piense poco, que no diga lo que pienso, que no haga lo que digo. Es mi propia voz la que me contradice, es mi propia cabeza la que me confunde, es mi propia lengua la que me desdice.
Se trabaja por obligación, convicción o evasión. En mi caso deambulo entre todas las posibilidades.
Me dijeron: «sé tú mismo».
El problema es que aún no sé quién soy.
La vida está llena de caminos, veredas y extravíos. Se acierta en el rumbo a fuerza de insistencia o por golpe de fortuna…
Los callejones sin salida no tienen problema. Es fácil percatarse del error, retornar y avanzar de nuevo. El verdadero problema es seguir por caminos bellos sin llegar a donde debes, esos caminos que embelesan hasta el punto del enredo, hasta que, años después, descubres que eso es desvío no camino, pero ya es imposible retornar…