A veces me niego la palabra, pero después me perdono y vuelvo a platicarme lo que pasa. Tengo altibajos, pero insisto y me quedo conmigo.
A veces me niego la palabra, pero después me perdono y vuelvo a platicarme lo que pasa. Tengo altibajos, pero insisto y me quedo conmigo.
Algunas personas se ven bien a la distancia («Buen lejos», se dice), otras cuando están cerca. Otras más, las pobres, ni de lejos ni de cerca. Hay que hacer como que no las vemos…
¿Qué está pasando? Bueno, quizás no pase nada y sólo sea yo el que paso por allí, sin pausa ni sosiego.
Fui a una charla donde alguien decía sandeces, gruñía, arrojaba puñados de palabras sin sentido, pero… ¿y si yo soy el bárbaro que no entiende la sutil complejidad del verdadero raciocinio?
El silencio -incluso la indiferencia- es preferible a la estridencia. Por lo menos uno queda confiando en que si alguien calla, otorga.