Los triunfos, los reconocimientos, valen por lo que hacemos con ellos.
No dan: resaltan lo que ya se tiene.
Los triunfos, los reconocimientos, valen por lo que hacemos con ellos.
No dan: resaltan lo que ya se tiene.
Un conocido que se siente médium me recomendó escuchar a mi voz interior para encontrar la paz. Le hice caso: me puse a escuchar con cuidado. Fue algo difícil, pero en algún momento mi voz interior me dijo con claridad: «Escucha a tu voz exterior». Ahora ya no sé qué hacer.
No contar las palabras: pesarlas. Así lo decía Cicerón. Yo no me atrevería a pesarlas, pueden sentirse ofendidas. Mejor acariciarlas con deleite para que nos respondan ardientes..
La vida es un parlamento, una cámara legislativa: todos pueden hablar pero pocos quieren escucharse. Domina la imposición (o su intento, más o menos justificado), pero pocas veces brotan por allí los verdaderos acuerdos.
Empeñarse de más es algo muy próximo a despeñarse.