Puede ser temeroso un pensamiento, suave una emoción, sospechoso un parpadeo, inquietante un recuerdo, incrédulo un bostezo, estéril una pasión.
Puede ser temeroso un pensamiento, suave una emoción, sospechoso un parpadeo, inquietante un recuerdo, incrédulo un bostezo, estéril una pasión.
Toqué y abrí. El cuarto parecía inalterable, como si la puerta no tuviera importancia y el lugar siguiera así, tapiado, apartado de las molestias de un mundo en movimiento, impermeable a todo lo que sucede. Allí no operaba la entropía, esa suave anarquía de todo lo que existe. Volví a cerrar la puerta. No quise que mi incómodo ser alterara esa íntima estabilidad, ese ordenado desgano que nunca dependió de mi para estar y permanecer. Algunos lugares deben dejarse en paz, olvidarse de ellos, mientras seguimos caminando hacia otro lado.
Disculpen ustedes si
no digo lo que pienso,
pero se nota
lo que digo sin decirlo.
Perdón les pido,
también,
si nada más enuncio
sin sentencia,
si reniego sin aporte,
si me dejo llevar
por el momento,
y si privilegio (a veces)
la conciencia.
Es que el mundo es suave
y yo duro de maneras.
Por eso debería,
lo sé,
dejarme llevar por el camino
en lugar de perderme
en las veredas.
No sé la razón
quizás sea suerte
o incluso por nacencia
pero termino llevando la contraria
y diciendo por allí
lo que otros sólo piensan.