Apuntes

Apuntes por categoría

Fortuna

Fecha: 7 de abril de 2016 Categoría: Atisbos Comentarios: 0

Se dice que Guns of Navarone, (película de 1961, conocida por nosotros como «Los Cañones de Navarone») es una película de guerra. Yo no lo creo. Para mí es una película dedicada a la suerte. La guerra es el pretexto para escudriñarla, para saborear todos sus matices. Además, ¿qué mejor que la guerra para determinar el papel de la fortuna en los afanes humanos?

Aditamentos

Fecha: 7 de abril de 2016 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0

Cada cosa tiene su propio sentido evolutivo, su propia mirada y su propio andar hacia el futuro. No podría ser de otra forma. Esas cosas son criaturas nuestras y como tal, al diseñarlas les otorgamos algo de lo que somos o lo que fuimos. Siendo sujetos evolutivos, seres de tiempo, nuestras obras se nos parecen y evolucionan también. Claro, lo hacen sin seguir un camino lineal. Como el nuestro, el suyo también está hecho de rutas sinuosas que llevan a callejones sin salida, a terracerías, brechas intransitables y recodos de peligro, hasta que de tanto dar bastonazos de ciego nos regresamos, acumulamos energía, reiniciamos y volvemos a intentar el acierto. Pensé en eso cuando vi mi celular y recordé el primero que usé, casi un ladrillo y no es exageración, cuando comencé a trabajar. Por esos años estuvo de moda una canción de Los Tigres del Norte, que me quedaba que ni mandada a hacer. ¿La recuerdan? Decía que al principio nos sentíamos importantes con el dichoso celular, casi como romanos de la antigüedad, hasta que luego el jefe no nos dejaba escondernos en ningún lugar. Después llegaron otros celulares de distinto tamaño y forma. Recuerdo cuando era un gran avance incorporar la agenda de números conocidos al aparato, lo cual ya es usual, incluso obligatorio en nuestros días. También pasé por los víper (pues era inevitable cargar con ambos, el víper y el celular, uno para recibir mensajes, el otro para reportarse) y las palm, que hoy nadie recuerda (una especie de agendas electrónicas, un tanto torpes, pero que todo mundo quería traer), hasta que llegaron los dispositivos que nos permitieron acceder al video, las peliculas, los correos electrónicos y las redes sociales. Antes eran caros, un verdadero lujo. Hoy son casi un accesorio básico, sin distinción de edad o clase social (si acaso cambia un poco su moda inherente, para que los «fijados» se entretengan, pero las funciones son las mismas). Así, podemos llegar a cualquier comunidad del estado y ver, por ejemplo, a un hombre de edad madura, a caballo, hablando con sus amigos o con su mujer por celular. Esa misma escena la vi, hace pocos años, en una comunidad chamula de Chiapas. El caso es que esas cosas están evolucionando con nosotros. En fin, ya no sé ni lo que digo. Quizás mi celular me quiso decir algo y aquí estoy tratando de repetirlo…

Ideas que terminan mías

Fecha: 7 de abril de 2016 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0

Alguien soltó al irse una idea tardía. Lo alcancé y le pedí que se la llevara. No la quiso. Me dijo que me la dejaba, que hiciera con ella lo que quisiera, que ni falta le hacía. Regresé abatido. No me gustan las ideas ajenas. Me siento un ladrón y no soy bueno con los fusiles. La dejé por allí, sobre el escritorio, pero no se estaba quieta. Saltaba y sonreía para que la mirara. Cuando lo conseguía me hacía gestos de ternura, como si fuera una huérfana en busca de cariño. Me desesperé y la guardé en un cajón vacío, pero al poco rato escuché sus sollozos y la rescaté del olvido. No quise usarla, pero a la vez me seguía dando pena, así que la guardé en otro cajón, en aquél donde guardo las ideas propias que no maduran todavía, las que aguardan un mejor momento, las que no tienen prisa. Allí pareció quedarse cómoda. Por lo menos podría platicar con otras como ella. Quizás con los años las ideas allí guardadas se confundan, se crucen y tengan descendencia. Quizás cuando las saque un día sean otras y sean, por fin, mías… O quizás se me olvide que alguien las dejó por allí y entonces no me dará vergüenza arrojarlas por mi boca.

Sicomoros

Fecha: 7 de abril de 2016 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0

En secundaria leía mucho, pero no de la escuela, lecturas mías. Historia y ciencia ficción, en especial, pero también un poco de todo. Cuando aparecía algo que no entendía (una palabra, un nombre, una región, alguna referencia) hacia notas cuidadosas y después las resolvía en una visita a la biblioteca. A veces se me acumulaban y la lista se hacía enorme. Recordé eso hoy, pues leía algo de historia de la tierra de Canaán (no era la Biblia, aclaro, sino un texto de Paul Johnson) y tropecé con Amós, un escritor del siglo VIII a.C. Amós era, además de inquisitivo, dotado de preocupación social y hasta profético, un «cultivador de sicomoros». Sé que el dichoso sicomoro es un árbol que da frutos comestibles, pero lo que me intrigaba era averiguar algo del sabor de tales frutos. Hace años habría anotado por allí la duda y hecho un esfuerzo por resolverla en dilatadas consultas. Ahora sólo tomé mi teléfono celular y anoté en el buscador «¿a qué sabe el fruto del sicomoro?» La respuesta fue que es un fruto similar al higo pero mucho menos apetitoso, más insípido. Vaya, puedo hacerme una idea del asunto y seguir leyendo sin pendientes. Bendita época la que me tocó vivir. Doy gracias por ello. Por cierto, cuando alguien tenga por allí un puñado de frutos del sicomoro invíteme uno. No estaría de más probarlo.

Versus

Fecha: 7 de abril de 2016 Categoría: Agudezas Comentarios: 0

La máquina me mira, parece interrogarme, espera, bosteza y oprime con desgana mi teclado. Somos máquinas sentadas frente a frente..