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Piedras en el lago

Fecha: 7 de abril de 2016 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0

Existe un lago frío e irresistible cerca del volcán. Quieres meterte allí, incluso sin quitarte la ropa, y quedarte mucho rato. Es placentero, pero si no sales en el momento justo el lago ya no te dejará salir. Te quedarás allí por mucho tiempo y cada vez querrás un poco más, hasta que estás más frío que el lago y entonces no podrás salir aunque lo intentes. Pero dicen que no lo intentas, que sólo te quedas allí, plácido, hasta que el agua te tapa la cabeza. Entonces te vuelves parte del lago y esperas a que alguien llegue otro día. Pero eso no ocurre siempre. Quizás una o dos veces al año. Así que si pasas por allí podrás bañarte con tranquilidad. Solo recuerda salir a tiempo. A mí me contó todo eso alguien que se quedó allí, sumergido. De niño fui a ese lago y arrojé una piedra y el tipo emergió un poco, lo suficiente para que sobresaliera su boca y pudiera escucharlo. Se quejó por pegarle en la cabeza. «No quise pegarle», le dije, «yo pensé que mi piedra rebotaba en el agua». «No, la piedra rebotó en mi cabeza», me respondió. Le pedí que saliera pero no quiso. Me invitó a entrar pero me negué. No me gusta meterme a ningún lago cuando alguien me lo pide, así que lo dejé allí. Fue cuando me contó la historia que les cuento. Ya se hacía tarde y me despedí. Antes de irme le grité: «el día que me meta será por mi gusto, no por invitación de alguien al que le gusta que los demás le abollen la cabeza», y corrí. Quizás ya no pudo escucharme. Ya tenía la cabeza sumergida otra vez. Muchos años después regresé. Ya no era un niño. El lago se veía muy agradable, pero no me dieron ganas de meterme al agua vestido ni desvestido, solo me quedé un rato mirándolo. Eso sí, no quise arrojar piedras. A los que duermen plácidos en ese lago no es bueno abollarles la cabeza. Ahora que lo recuerdo, ya nunca volví a arrojar piedras a ningún lago y jamás me dan ganas de meterme, ni vestido ni desvestido. Desde aquel día los lagos son sólo para ser mirados

Luciérnagas

Fecha: 7 de abril de 2016 Categoría: Atisbos Comentarios: 0

Desde el cielo las luces de cada ciudad son idénticas. Solo cambian los destellos que iluminan los sueños.

Quedarse

Fecha: 7 de abril de 2016 Categoría: Agudezas Comentarios: 0

¿El secreto de la longevidad? Un anciano me lo dijo hace mucho:

Aquí sigo, insisto, perduro. No existe un secreto, es sólo decir «me quedo» y no escuchar a quienes dicen que debes irte.

Quizás sea el secreto de tantas osadías y persistencias.

Cosa de murallas

Fecha: 7 de abril de 2016 Categoría: El sitio y el asalto Comentarios: 0

Levantamos altos muros para dejar afuera el horror y preservar lo nuestro. Muy tarde comprendimos que los verdaderos enemigos quedaron adentro

El gesticulador y la vendedora de bate

Fecha: 7 de abril de 2016 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0

Salí muy tarde de la oficina y manejé por el centro de Colima hacia mi casa. A cruzar por el Jardín Núñez descubrí a un joven platicando animadamente con la escultura dedicada a la vendedora de bate. Parecía una plática animada. Él joven gesticulaba y manoteaba alegremente, como si estuviera compartiendo con ella alguna anécdota reciente. Me dieron ganas de bajarme a escucharlo, pero ya era tarde y me sentía cansado. Quizás regrese mañana y vuelva a verlo. Podría ser divertido unirme a la tertulia. Incluso lo intentaré cuando él no esté y, mejor aún, cuando nadie me vea. Quizás la escultura pueda escuchar paciente mis opiniones sobre algunos temas controvertidos, esas cosas que a veces no puedo decir tan fácil por aquí o por allá. Quizás también, con un poco de suerte, hasta me confíe lo que platicaba hoy con aquel muchacho que manoteaba tan alegre y despreocupado, tan indiferente a ese señor que lo mira sorprendido mientras sigue su curso hacia el hogar.