Apuntes

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Locuras

Fecha: 8 de septiembre de 2015 Categoría: Atisbos Comentarios: 0
Cada quien sus locuras, digo yo.
Unos desean riquezas y las persiguen extraviando la vergüenza.
Otros quieren rebanadas de un pastel que alguien masticó hace mucho.
Unos más ambicionan el mando, pero no saben para qué sirve.
Unos desean el amor, otros desean puro deseo.
Algunas y algunos asedian al sexo opuesto
(y algunas y algunos más al propio).
Unos aspiran a enquistarse por allí, para que otros los mantengan
(y si no logran tal sueño se molestan)
A muchos les da por renegar de todo y hablar mal del prójimo.
Otros acumulan frustración y la vomitan con quien se deja.
Unos cargan maletas pesadas y quieren que alguien los ayude…
Otros las traen ligeras y quieren llenarlas como se pueda.
Algunos ensayan una máscara de lástima para mendigar favores.
Unos hablan queriendo que alguien los escuche.
Otro protestan por algo que ocurrió muy lejos, pero que suena convincente.
Otros quieren que llegue el fin del mundo, porque no saben qué hacer en él.
Unos esperan redención, en lugar de perdonarse.
Unos hacen ejercicio y otros piensan que lo hacen.
Unos y otros llevan la contabilidad precisa de quienes piensan que los aman y los odian.
Algunos más se hacen los indiferentes.
En fin, todo muy respetable, pero en ninguna opción me encuentro.
Mi locura es otra…
Luego se las digo.

La mujer que miro mientras mira el mar

Fecha: 3 de septiembre de 2015 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 2
Una mujer mira el mar mientras yo la miro desde lejos.
Quiero acercarme a ella y preguntarle lo que mira, lo que piensa cuando mira o quizás lo que añora mientras mira al mar.
Me adelanto unos pasos.
Dudo.
Tomo fuerza.
Avanzo.
Vuelvo a dudar.
Sigo mirándola mientras sigue mirando el mar.
Su cabello se mece mientras mira y yo siento mecerme al ritmo que se mece su cabello mientras la miro mirando el mar.
Debe ser muy claro su cabello, ese cabello que se mece y hace mecerme, pues refleja al mar, ese mismo mar que ella no deja de mirar.
Debe ser bella.
Debe serlo.
Quiero que lo sea pues se ve maravillosa mientras la miro mirando el mar.
Quizás sonría mientras mira al mar o quizás esté dejando caer alguna lágrima que yo podría secar, en lugar de seguir mirando desde lejos a una mujer que mira al mar.
Un joven se le acerca.
Camina con decisión.
Lo envidio.
Ni siquiera es mejor parecido que yo, pero es más valiente por no dejarse intimidar por una mujer que mira al mar.
Pero quizás no sea valiente.
Puede ser su amigo, su hermano, su novio y entonces no tendría motivos para sentirse temeroso de aproximarse a una mujer que sigue mirando al mar.
Le dice algo.
Quizás la está saludando y busca un motivo de conversación.
No, no puede ser su amigo, ni su hermano, ni su novio.
Si así lo fuera le hablaría con menos formalidad y aquí parece pedir su permiso, como si acabara de conocerla.
Maldito.
Lo envidio.
Yo sigo paralizado mirando a una mujer que mira al mar mientras otro llega sin agobio y la interrumpe en su mirar.
Al parecer ya obtuvo su permiso.
Ya se sentó a su lado.
Quizás sólo se sentó sin esperar la respuesta, pues mientras él habla ella sigue mirando el mar.
Al parecer conversan, pero ahora los dos miran el mar.
No puedo escucharlos pues estoy muy lejos, así que quizás no estén conversando.
Quizás él sólo pidió su permiso para mirar el mar junto a ella y ella lo permitió.
“Claro que lo permitió”, deduzco, pues si no estuviera de acuerdo ya se habría levantado y dejado de mirar el mar.
Quizás se siente un poco incómoda, pero prefiere aguantar al impertinente y no dejar de mirar el mar.
Ahora yo estoy mirando desde lejos a una mujer que mira al mar y a un impertinente que se sienta cómodamente al lado de ella y la acompaña mirando el mar.
Siento el fracaso en la boca, salado como el agua del mar que ella y él están mirando mientras yo los miro desde lejos.
Pero… Un momento.
Ella parece decir algo.
Levanta el brazo y señala a lo lejos.
El se levanta para mirar aquel punto indescifrable en el horizonte del mar que los dos están mirando.
Debe ser algo muy lejano, pues yo no puedo verlo, a pesar de que es el mismo mar el que ahora miro en lugar de verlos a ellos y el que ellos están mirando.
Ahora ya se levanta ella y los dos miran de pie el mar.
Después caminan.
Se acercan a ese mar que antes miraban juntos mientras yo los sigo mirando.
Ya llegaron al mar.
El duda un poco.
Ella le toma la mano sin dejar de mirar el mar.
Siguen caminando.
Yo los miro desde lejos mientras el agua de ese mar que siguen mirando les llega a la cintura.
Siguen sin dejar de mirar el mismo mar.
Ahora el agua les llega al cuello, pero no dejan de avanzar mientras miran el mar.
Los sigo mirando hasta que ya no puedo distinguir sus cabezas.
Espero un largo rato, esperanzado de mirarlos nadar alegremente en ese mar, el mismo mar que antes ella miraba a solas y que después miraron juntos mientras yo los seguía mirando.
Pero no, ya no los pude mirar.
Sólo me queda seguir mirando el mar.
Quizás mientras lo miro vuelva a ver otra sirena sentada por allí mirando el mar.

Valores

Fecha: 31 de agosto de 2015 Categoría: Agudezas Comentarios: 0

Los valores se explican y entienden con facilidad o no lo son. Los valores (supuestos) que se expresan con abundancia retórica me suenan a intentos de manipulación.

Cruces de camino

Fecha: 31 de agosto de 2015 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0

Ayer caminé por una vieja carretera. Las cruces brotaban cada kilómetro. Se diría que es la avenida con más accidentes en el mundo. Algunas cruces parecían más antiguas. Otras acumulaban un dolor tan reciente que las flores de tributo estaban frescas, como recién cortadas. Sentí el dolor de los que se fueron en un instante, quizás sin culpa alguna, en un momento de descuido, en un pestañeo o un suspiro inoportuno. Eso de colocar cruces en los caminos es aterrador. Me hace recordar a las que colocaban los romanos. Se dice que así llenaron una vía apenas sofocada la revuelta de Espartaco. Claro, las cruces eran una forma de suplicio, en lo que eran tan inventivos: allí colocaban a los moribundos hasta la agonía. Fue nuestro Jesús el que dotó a la cruz de un nuevo simbolismo. El suplicio, el castigo ejemplar, se volvió un acto de redención para todos, incluso para los indiferentes que clavaron su carne en aquel monte del calvario. Aún así, la cruz, queriendo ser redención y esperanza de otra vida, sigue como símbolo de muerte. Debería ser advertencia para los que manejan con prisa, pero a juzgar por tantas sembradas aquí y allá esto no lo fue. Más parece una invitación. Algún día las madres, las viudas, los hermanos o los hijos de quienes aquí murieron también pasarán y las cruces dejarán de recibir ofrendas. Quedarán un tiempo en pie, viendo pasar otras vidas. Las toscas cruces tendrán su propia agonía hasta que alguien como yo pase por aquí y se pregunte lo que eran esos montones de piedra en el camino.

Los que ignoran, los que saben

Fecha: 27 de agosto de 2015 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0

Una revolución de la conciencia humana, en la que encuentra fundamento la ciencia moderna, es el reconocimiento a la ignorancia. Antes suponíamos que lo sabíamos todo por un complejo sistema de creencias. Ahora las mentes brillantes e inquisitivas reconocen lo que ignoran sin vergüenza alguna, pues tal reconocimiento es el primer paso para acercarnos a la verdad. Incluso, esas mentes advierten que lo sabido puede ser erróneo o al menos parcial, es decir, que posee tan sólo una porción de la verdad, lo cual quedará esclarecido a medida que se obtiene más conocimiento. Paradoja: nos volvimos más sabios desde que aceptamos nuestra ignorancia. Por eso desconfío de quienes dicen opciones tajantes y definitivas como si poseyeran la verdad. Lo peor es que las dicen desvergonzados, sin mínimo sentido crítico y sin márgenes para la rectificación… Y no sólo eso, con su opinión (que no es más que eso) pretenden dictar la medida de la realidad. Algunos, en su delirio, hasta odian que les contradigan. Los peores son aquellos que suponen debilitarse aceptando su ignorancia, cuando lo único que logran es presumir una cabeza primitiva. Tales especímenes son antagónicos a la evolución humana: quedaron anclados en el medioevo de la conciencia.