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Valores

Fecha: 31 de agosto de 2015 Categoría: Agudezas Comentarios: 0

Los valores se explican y entienden con facilidad o no lo son. Los valores (supuestos) que se expresan con abundancia retórica me suenan a intentos de manipulación.

Cruces de camino

Fecha: 31 de agosto de 2015 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0

Ayer caminé por una vieja carretera. Las cruces brotaban cada kilómetro. Se diría que es la avenida con más accidentes en el mundo. Algunas cruces parecían más antiguas. Otras acumulaban un dolor tan reciente que las flores de tributo estaban frescas, como recién cortadas. Sentí el dolor de los que se fueron en un instante, quizás sin culpa alguna, en un momento de descuido, en un pestañeo o un suspiro inoportuno. Eso de colocar cruces en los caminos es aterrador. Me hace recordar a las que colocaban los romanos. Se dice que así llenaron una vía apenas sofocada la revuelta de Espartaco. Claro, las cruces eran una forma de suplicio, en lo que eran tan inventivos: allí colocaban a los moribundos hasta la agonía. Fue nuestro Jesús el que dotó a la cruz de un nuevo simbolismo. El suplicio, el castigo ejemplar, se volvió un acto de redención para todos, incluso para los indiferentes que clavaron su carne en aquel monte del calvario. Aún así, la cruz, queriendo ser redención y esperanza de otra vida, sigue como símbolo de muerte. Debería ser advertencia para los que manejan con prisa, pero a juzgar por tantas sembradas aquí y allá esto no lo fue. Más parece una invitación. Algún día las madres, las viudas, los hermanos o los hijos de quienes aquí murieron también pasarán y las cruces dejarán de recibir ofrendas. Quedarán un tiempo en pie, viendo pasar otras vidas. Las toscas cruces tendrán su propia agonía hasta que alguien como yo pase por aquí y se pregunte lo que eran esos montones de piedra en el camino.

Los que ignoran, los que saben

Fecha: 27 de agosto de 2015 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0

Una revolución de la conciencia humana, en la que encuentra fundamento la ciencia moderna, es el reconocimiento a la ignorancia. Antes suponíamos que lo sabíamos todo por un complejo sistema de creencias. Ahora las mentes brillantes e inquisitivas reconocen lo que ignoran sin vergüenza alguna, pues tal reconocimiento es el primer paso para acercarnos a la verdad. Incluso, esas mentes advierten que lo sabido puede ser erróneo o al menos parcial, es decir, que posee tan sólo una porción de la verdad, lo cual quedará esclarecido a medida que se obtiene más conocimiento. Paradoja: nos volvimos más sabios desde que aceptamos nuestra ignorancia. Por eso desconfío de quienes dicen opciones tajantes y definitivas como si poseyeran la verdad. Lo peor es que las dicen desvergonzados, sin mínimo sentido crítico y sin márgenes para la rectificación… Y no sólo eso, con su opinión (que no es más que eso) pretenden dictar la medida de la realidad. Algunos, en su delirio, hasta odian que les contradigan. Los peores son aquellos que suponen debilitarse aceptando su ignorancia, cuando lo único que logran es presumir una cabeza primitiva. Tales especímenes son antagónicos a la evolución humana: quedaron anclados en el medioevo de la conciencia.

Aquel Moro…

Fecha: 25 de agosto de 2015 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0

Lo dijo alguien, creo que Tomás Moro, pero no el verdadero, sino el personaje de Moro interpretado en una serie de televisión o una película. Si mi recuerdo es de una serie, se trató de Los Tudor (2007) y si es de una película se trató, sin duda, de El hombre de dos reinos (su título en español, que en este caso es más apropiado que el original: A Man for All Seasons, o Un hombre para todas las estaciones, que es impreciso), de 1966. El caso es que Moro -es decir, el personaje de Moro- dijo: «a pesar de que mis sueños son tan poco realistas los mantendré aunque deba soñarlos solo». Claro, estoy citando de memoria y es posible alguna inexactitud, pero la idea era así (extraño caso de una idea que quizás no es de Moro, sino de un guionista que se inspiró en Moro y que llega, mal traducida y peor citada hasta las torpes manos de un funcionario cultural colimense, pero las ideas son así y debemos acostumbrarnos a ellas). Pues bien, cuando la escuché por primera vez, esa frase me pareció deliciosa e incluso estimulante, pero un poco después me pareció jactanciosa, propia de un idealista rayando en la línea del fanático (claro, Moro era utópico. De hecho es el maestro de los utópicos y debemos disculparlo pues hasta mártir y santo lo hicieron después). Pienso (es decir, yo pienso, pues hasta la fecha nadie me interpreta, así que yo no soy un personaje) que cuando la realidad se impone insistir en nuestra «idea de la realidad» es una desmesura, como si quisiéramos convencer al mundo que nuestro castillo de naipes puede sobrevivir a un huracán. Quizás lo consigamos, claro, por una combinación de azares y milagros, pero eso no le servirá de mucho a los demás. Si acaso la hazaña servirá como alimento para un descomunal ego, para esa enfermiza obsesión por soñar sueños que la realidad desdeña. Eso digo yo, pero a todo esto deberé buscar en mi librero aquella película. En ella Robert Shaw encarna de forma estupenda a Enrique VIII. Le creo el papel, lo que nunca logró, pese a sus innegables méritos, Jonathan Rhys-Meyers en la serie. Pero eso, claro, es otra historia.

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Fecha: 24 de agosto de 2015 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0

Unas cuantas semanas después de la invasión aliada en las playas de Normandía (el famoso «Día D»), la batalla se trasladó a los pequeños pueblos franceses. Los alemanes defendían con furia cada rincón. Los soldados de ambos bandos agonizaban entre los escombros. Parecía una batalla por las ruinas. Según el testimonio de un soldado americano sobreviviente, Mac Evans (tenía 19 años por entonces), cada casa se volvió un campo de batalla. Allí se libraron combates en los corredores y las habitaciones, por cada muro de lo que fue un hogar. Una casa de cierta población (quizás Saint~Lo) fue tomada y perdida once veces en un sólo día de angustiosos combates. El testimonio me trastornó y no pude sino imaginarme el parte de alguna patrulla, dirigido al comandante de la operación: «Gracias al coraje de nuestras fuerzas recuperamos la cocina. Los enemigos resisten todavía en el cuarto de planchado, pero ya desalojamos a los últimos dos que sostenían su posición, como si se tratara de un búnker, en la habitación de la señora de la casa. Encontramos los encajes de la dama formando una svástica. En las siguientes horas tendremos asegurado el sótano y la habitación del niño. Atentamente, Mayor Arnaut de la Compañía E, del 501 de paracaidistas». La historia de la Segunda Guerra aún está por escribirse…