Cuidado con aquello que se reprime: saltará en algún momento incómodo. Es mejor dejar que brote, que asome la cabeza de vez en cuando.
Cuidado con aquello que se reprime: saltará en algún momento incómodo. Es mejor dejar que brote, que asome la cabeza de vez en cuando.
Nuestros defectos pueden ser grotescos y desagradables, pero están allí por algo. Quizás fueron muy útiles en algún momento de nuestra vida. Desconfío de quienes los critican con ligereza. Me da la impresión que los envidian en lugar de rechazarlos. Además, algunos de los defectos que poseemos nos ayudaron a sobrevivir y quizás, en cierto momento, puedan ser una plataforma para saltar y sobresalir.
A veces te veo y brinca una niña
la que perdió una imagen y quiere encontrarla
pero no dice nada la niña
sólo mira (me mira)
quizas sea una imagen
la mía
que apresa antes de perderla.
¿Y yo qué hago, dime…
Para no perder tu imagen
cuando me miras?
Mirarte mientras juegas al columpio,
mientras tus hebras trastornan mi universo…
Y, a todo eso,
mientras te meces desganada,
mientras vas y vienes
imaginando lo que sigue…
¿Por qué no soy tu columpio?
¿Tu vaivén?
¿La mecedora que rechina de gusto
cuando te sientas en ella?
Algunas ideas escapan de mi, otras se vuelven realidad, unas apenas se dibujan. En distintos cajones conservo las que pasaron ciertas pruebas, las que aguardan mejor momento, las que no encontraron un oficio mundano que les diera forma, las que no son mías pero adopté y modifiqué a mi gusto, las que quisieron dar de sí pero no pudieron, las que me dieron miedo, las que siguen obligándome a levantar la ceja, las que pensé que nadie entendería, las que diré cuando nadie se moleste. Todas son importantes para mi. Temo por su destino, por lo que pasará con ellas cuando ya no esté aquí para pensarlas.