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A veces…

Fecha: 15 de octubre de 2015 Categoría: Atisbos Comentarios: 0

A veces te veo y brinca una niña

la que perdió una imagen y quiere encontrarla

pero no dice nada la niña

sólo mira (me mira)

quizas sea una imagen

la mía

que apresa antes de perderla.

¿Y yo qué hago, dime…

Para no perder tu imagen

cuando me miras?

Columpio

Fecha: 15 de octubre de 2015 Categoría: Atisbos Comentarios: 0

Mirarte mientras juegas al columpio,

mientras tus hebras trastornan mi universo…

Y, a todo eso,

mientras te meces desganada,

mientras vas y vienes

imaginando lo que sigue…

¿Por qué no soy tu columpio?

¿Tu vaivén?

¿La mecedora que rechina de gusto

cuando te sientas en ella?

Ideas por allí…

Fecha: 14 de septiembre de 2015 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0

Algunas ideas escapan de mi, otras se vuelven realidad, unas apenas se dibujan. En distintos cajones conservo las que pasaron ciertas pruebas, las que aguardan mejor momento, las que no encontraron un oficio mundano que les diera forma, las que no son mías pero adopté y modifiqué a mi gusto, las que quisieron dar de sí pero no pudieron, las que me dieron miedo, las que siguen obligándome a levantar la ceja, las que pensé que nadie entendería, las que diré cuando nadie se moleste. Todas son importantes para mi. Temo por su destino, por lo que pasará con ellas cuando ya no esté aquí para pensarlas.

Locuras

Fecha: 8 de septiembre de 2015 Categoría: Atisbos Comentarios: 0
Cada quien sus locuras, digo yo.
Unos desean riquezas y las persiguen extraviando la vergüenza.
Otros quieren rebanadas de un pastel que alguien masticó hace mucho.
Unos más ambicionan el mando, pero no saben para qué sirve.
Unos desean el amor, otros desean puro deseo.
Algunas y algunos asedian al sexo opuesto
(y algunas y algunos más al propio).
Unos aspiran a enquistarse por allí, para que otros los mantengan
(y si no logran tal sueño se molestan)
A muchos les da por renegar de todo y hablar mal del prójimo.
Otros acumulan frustración y la vomitan con quien se deja.
Unos cargan maletas pesadas y quieren que alguien los ayude…
Otros las traen ligeras y quieren llenarlas como se pueda.
Algunos ensayan una máscara de lástima para mendigar favores.
Unos hablan queriendo que alguien los escuche.
Otro protestan por algo que ocurrió muy lejos, pero que suena convincente.
Otros quieren que llegue el fin del mundo, porque no saben qué hacer en él.
Unos esperan redención, en lugar de perdonarse.
Unos hacen ejercicio y otros piensan que lo hacen.
Unos y otros llevan la contabilidad precisa de quienes piensan que los aman y los odian.
Algunos más se hacen los indiferentes.
En fin, todo muy respetable, pero en ninguna opción me encuentro.
Mi locura es otra…
Luego se las digo.

La mujer que miro mientras mira el mar

Fecha: 3 de septiembre de 2015 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 2
Una mujer mira el mar mientras yo la miro desde lejos.
Quiero acercarme a ella y preguntarle lo que mira, lo que piensa cuando mira o quizás lo que añora mientras mira al mar.
Me adelanto unos pasos.
Dudo.
Tomo fuerza.
Avanzo.
Vuelvo a dudar.
Sigo mirándola mientras sigue mirando el mar.
Su cabello se mece mientras mira y yo siento mecerme al ritmo que se mece su cabello mientras la miro mirando el mar.
Debe ser muy claro su cabello, ese cabello que se mece y hace mecerme, pues refleja al mar, ese mismo mar que ella no deja de mirar.
Debe ser bella.
Debe serlo.
Quiero que lo sea pues se ve maravillosa mientras la miro mirando el mar.
Quizás sonría mientras mira al mar o quizás esté dejando caer alguna lágrima que yo podría secar, en lugar de seguir mirando desde lejos a una mujer que mira al mar.
Un joven se le acerca.
Camina con decisión.
Lo envidio.
Ni siquiera es mejor parecido que yo, pero es más valiente por no dejarse intimidar por una mujer que mira al mar.
Pero quizás no sea valiente.
Puede ser su amigo, su hermano, su novio y entonces no tendría motivos para sentirse temeroso de aproximarse a una mujer que sigue mirando al mar.
Le dice algo.
Quizás la está saludando y busca un motivo de conversación.
No, no puede ser su amigo, ni su hermano, ni su novio.
Si así lo fuera le hablaría con menos formalidad y aquí parece pedir su permiso, como si acabara de conocerla.
Maldito.
Lo envidio.
Yo sigo paralizado mirando a una mujer que mira al mar mientras otro llega sin agobio y la interrumpe en su mirar.
Al parecer ya obtuvo su permiso.
Ya se sentó a su lado.
Quizás sólo se sentó sin esperar la respuesta, pues mientras él habla ella sigue mirando el mar.
Al parecer conversan, pero ahora los dos miran el mar.
No puedo escucharlos pues estoy muy lejos, así que quizás no estén conversando.
Quizás él sólo pidió su permiso para mirar el mar junto a ella y ella lo permitió.
“Claro que lo permitió”, deduzco, pues si no estuviera de acuerdo ya se habría levantado y dejado de mirar el mar.
Quizás se siente un poco incómoda, pero prefiere aguantar al impertinente y no dejar de mirar el mar.
Ahora yo estoy mirando desde lejos a una mujer que mira al mar y a un impertinente que se sienta cómodamente al lado de ella y la acompaña mirando el mar.
Siento el fracaso en la boca, salado como el agua del mar que ella y él están mirando mientras yo los miro desde lejos.
Pero… Un momento.
Ella parece decir algo.
Levanta el brazo y señala a lo lejos.
El se levanta para mirar aquel punto indescifrable en el horizonte del mar que los dos están mirando.
Debe ser algo muy lejano, pues yo no puedo verlo, a pesar de que es el mismo mar el que ahora miro en lugar de verlos a ellos y el que ellos están mirando.
Ahora ya se levanta ella y los dos miran de pie el mar.
Después caminan.
Se acercan a ese mar que antes miraban juntos mientras yo los sigo mirando.
Ya llegaron al mar.
El duda un poco.
Ella le toma la mano sin dejar de mirar el mar.
Siguen caminando.
Yo los miro desde lejos mientras el agua de ese mar que siguen mirando les llega a la cintura.
Siguen sin dejar de mirar el mismo mar.
Ahora el agua les llega al cuello, pero no dejan de avanzar mientras miran el mar.
Los sigo mirando hasta que ya no puedo distinguir sus cabezas.
Espero un largo rato, esperanzado de mirarlos nadar alegremente en ese mar, el mismo mar que antes ella miraba a solas y que después miraron juntos mientras yo los seguía mirando.
Pero no, ya no los pude mirar.
Sólo me queda seguir mirando el mar.
Quizás mientras lo miro vuelva a ver otra sirena sentada por allí mirando el mar.