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Esas grandezas…

Fecha: 8 de febrero de 2016 Categoría: Agudezas Comentarios: 0

¿Puede existir algo más interesante para leer que los grandes propósitos, los grandes pecados y los grandes ideales?

(Reflexión después de leer una vieja entrevista de Harold Robbins)

Esas cosas que van con nosotros…

Fecha: 2 de febrero de 2016 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0

Cada cosa tiene su propio sentido evolutivo, su propia mirada y su propio andar hacia el futuro. No podría ser de otra forma. Esas cosas son criaturas nuestras y como tal, al diseñarlas les otorgamos algo de lo que somos o lo que fuimos. Siendo sujetos evolutivos, seres de tiempo, nuestras obras se nos parecen y evolucionan también. Claro, lo hacen sin seguir un camino lineal. Como el nuestro, el suyo también está hecho de rutas sinuosas que llevan a callejones sin salida, a terracerías, brechas intransitables y recodos de peligro, hasta que de tanto dar bastonazos de ciego nos regresamos, acumulamos energía, reiniciamos y volvemos a intentar el acierto. Pensé en eso cuando vi mi celular y recordé el primero que usé, casi un ladrillo y no es exageración, cuando comencé a trabajar. Por esos años estuvo de moda una canción de Los Tigres del Norte, que me quedaba que ni mandada a hacer. ¿La recuerdan? Decía que al principio nos sentíamos importantes con el dichoso celular, casi como romanos de la antigüedad, hasta que luego el jefe no nos dejaba escondernos en ningún lugar. Después llegaron otros celulares de distinto tamaño y forma. Recuerdo cuando era un gran avance incorporar la agenda de números conocidos al aparato, lo cual ya es usual, incluso obligatorio en nuestros días. También pasé por los víper (pues era inevitable cargar con ambos, el víper y el celular, uno para recibir mensajes, el otro para reportarse) y las palm, que hoy nadie recuerda (una especie de agendas electrónicas, un tanto torpes, pero que todo mundo quería traer), hasta que llegaron los dispositivos que nos permitieron acceder al video, las peliculas, los correos electrónicos y las redes sociales. Antes eran caros, un verdadero lujo. Hoy son casi un accesorio básico, sin distinción de edad o clase social (si acaso cambia un poco su moda inherente, para que los «fijados» se entretengan, pero las funciones son las mismas). Así, podemos llegar a cualquier comunidad del estado y ver, por ejemplo, a un hombre de edad madura, a caballo, hablando con sus amigos o con su mujer por celular. Esa misma escena la vi, hace pocos años, en una comunidad chamula de Chiapas. El caso es que esas cosas están evolucionando con nosotros. En fin, ya no sé ni lo que digo. Quizás mi celular me quiso decir algo y aquí estoy tratando de repetirlo…

Las niñas del mar de Celestún

Fecha: 21 de octubre de 2015 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 2

No sabía de esa playa y ese mar. De donde vengo es azul y la arena oro apelmazado que se cuela entre los dedos. Me siento extraño sobre un manto blanco que se deshace al pisarlo, mientras veo ese mar de un verde irresistible. Me metí al agua y avancé a lo profundo. Volví la mirada. La playa estaba lejos y el agua apenas acariciaba mi cintura. Me obligué a regresar. Tuve miedo de obsesionarme con ese mar y seguir caminando por horas hasta que se abriera el abismo bajo mis pies. Los que se pierden en el mar son los que no quieren regresar. Quizás lo intente algún día. Hoy no. La playa seguía igual. Una lancha esperaba de costado, como si disfrutara el horizonte. Una pareja se bronceaba con el rostro cubierto. Un cuerpo de mujer a lo lejos (casi una posibilidad). Miré hacia la izquierda y descubrí un grupo de extrañas y narizonas muchachas, sin duda hermanas, disfrutando de la arena blanca. Todas en prendas negras, no tan pequeñas como una desvergüenza, no tan abundantes como un rechazo. Por un momento recordé un cuento de brujas y temí que lo fueran, pero no podía dejar de mirarlas por su extraña sensualidad, con sus senos rojizos y apretujados, como los globos que llenaba de agua, cuando niño, para arrojarlos a las muchachas el Viernes de Dolores. Vi el reloj, ya era tarde y debía encontrarme a un par de calles con el taxi de regreso. Decidí remojar un poco más los pies en ese mar verde y cálido. Quizás me llevaría su color irresistible impregnado en los poros, en los vellos, en las uñas y todos se asombrarían al verme caminar descalzo por allí. Dos niñas me miraban. Muy pequeñas, quizás de cinco o seis años. Muy parecidas. A mi mente vino la imagen de dos ardillas nadadoras. Me puse nervioso al verlas luchar con las olas. Se mojaban y dejaban arrastrar con desenfado. Ningún padre a la vista. Mi angustia crecía. Se acercaron a mí. Eso siempre me sucede: atraigo a los niños aunque me muestre distante. Me puse a platicar con ellas. Habría hecho cualquier cosa para que salieran del mar. Hablaban en chisporroteo, con esa tonalidad alegre de la costa yucateca. Una decía tan rápido que no podía entenderla, pero parecía contar algo tan divertido que reía y me hacía reír. Les pedí que salieran del agua, pero no parecían entenderme. Sólo me veían y se reían. Me daba horror dejarlas allí jugando con el mar. Otra, la más pequeña, me dio una concha que todavía conservo. Cuando me despedí volvieron a sumergirse en ese mar que no se agota. Ya lejos de la playa volví a mirarlas. Seguían jugando como si fueran parte de las olas. Quizás vuelva a verlas algún día, cuando regrese a Celestún y me anime a caminar a lo profundo, hasta nunca regresar.

Oximorónicos

Fecha: 21 de octubre de 2015 Categoría: Agudezas Comentarios: 0
  • Inventa una tela milagrosa que refresque en lugar de calentar. Será un éxito en aquellas zonas cálidas donde todos quieren sentir algo fresco sobre la piel.
  • Acumula premios y reconocimientos que te hagan desdichado.
  • Busca afanosa un amor estable para traicionarlo y jugar con él.
  • Persigue la eterna belleza y vuélvete aburrida por siempre.
  • Procura sólo lo sexual, siéntete vacío y vuelve a empezar.
  • Intenta, arquitecto, la fragilidad perfecta, para que tus obras sean cíclicas y puedan reconstruirse.
  • Inventa unos lentes que empañen la percepción de las cosas.
  • Come hasta reventar, que luego adelgarazás.
  • Habla mucho para que tu explicación sea lo menos clara posible.
  • Calla para que tu silencio aturda
  • Pide silencio a gritos
  • Propaga con obsesión tus ideas para que sean ignoradas.

 

Tardía…

Fecha: 19 de octubre de 2015 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0

Soltó, casi al irse, una idea. Años después regresó y recuperó aquella idea tardía que seguía rebotando por allí.