Construyó un arsenal de recursos psicológicos para enfrentar con un éxito razonable todo, pero el todo no llegó jamás… Sólo llegó la nada
Construyó un arsenal de recursos psicológicos para enfrentar con un éxito razonable todo, pero el todo no llegó jamás… Sólo llegó la nada
Aquella su boca (que no es mía)
se deshace húmeda y salvaje
con los besos que le doy (mientras la miro)
si sus ojos me contemplan (sin saberlo)
a fuerza de palabras (que aún no digo)
El espejismo sólo se disipa cuando avanzamos hacia él. Si nos detenemos domina el horizonte y se complace engañando a nuestra mirada.
A veces quiero decir algo pero las palabras se me atoran en la garganta. Luego se humedecen y se deslizan de regreso, al lugar de donde trataron de escapar. Otras veces sólo pienso las palabras, pero tardo en localizar su asidero y se quedan en lo profundo. Otras, sólo alcanza para la palabra pronunciada un débil susurro o una línea escrita sin pasión y sin alma, como si al momento de brotar algo la asfixiara. No me duelen esas palabras. Con los años aprendí que algunas de ellas no deben ser pronunciadas y mucho menos escritas. Mejor dejarlas por allí, a que pasen la prueba de los años y puedan salir a la luz con la posibilidad de fertilizar una idea o enriquecer algún párrafo yermo. Mientras tanto sólo las trato de reconocer, mientras recuerdo lo que significan. Quizás algún día las entienda y al lograrlo podré disfrutarlas sin pronunciarlas siquiera.
Algunos amigos me preguntan sobre mis diez libros favoritos, los que más he disfrutado y a los que regreso siempre que puedo. Aquí van, sin orden estricto de preferencia:
1) Décadas de las Historia Romana, de Tito Livio; 2) La revolución romana, de Ronald Syme; 3) Ensayos y notas, de Daniel Cosío Villegas; 4) Yo, Claudio, de Robert Graves; 5) La antigua retórica, de Alfonso Reyes; 6) Casino Royale, de Ian Fleming; 7) Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar; 8 ) La memoria de Sciascia, de Federico Campbell; 9) La realidad oculta, de Brian Greene; 10) Los dragones del Edén, de Carl Sagan.. y pondría tres más, por ser quizás los primeros libros que leí completos: 11) Viaje al centro de la Tierra, de Julio Verne; 12) Cuentos Colimotes, de Gregorio Torres Quintero y 13) Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez…