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Epitafio

Fecha: 29 de agosto de 2014 Categoría: Atisbos Comentarios: 0

«Ya conoces, caminante, quién era. Apenas llegué a ser…»
En una tumba romana, siglos I – II d.C.
No es un mal epitafio. Aquí se refiere a un niño de 7 años que murió al final de primer siglo o al inicio del segundo, en nuestra era. Pero, mirándolo bien, podría ser para todos los seres humanos en cualquier época y de cualquier edad. Seguimos el curso de una vida, que por más larga que sea, apenas alcanza para ser algo de lo que soñamos con ser.

Buen viaje Don Carlos…

Fecha: 26 de agosto de 2014 Categoría: Casa de Empeños Comentarios: 0

Hace algunos años, el PRI eligió al licenciado Carlos de la Madrid como su candidato a la presidencia municipal de Colima. En la misma convención, celebrada en el viejo edificio del Jardín Juárez o de La Concordia, donde hoy se ubica el Archivo General del Estado (bajo mi actual responsabilidad), el PRI me designó como candidato a presidente municipal suplente, un cargo honorífico con pocas oportunidades para convertirse en una realidad, pues en caso de ausencia del presidente en funciones el cabildo puede designar a cualquier de los integrantes (regidores o síndico). Sin embargo, para mi edad (representaba al  Frente Juvenil Revolucionario en el municipio de Colima y contaba con unos 19 o 20 años) era una gran oportunidad, sobre todo curricular. Sin embargo, previo al registro ante las autoridades electorales mi cargo se perdió y fui sustiuido, debido a una negociación de última hora con un sindicato. Yo estaba muy molesto y decepcionado, pero el candidato me pidió acudir a su casa, en Calzada Galván, y me invitó a seguir en su planilla como regidor suplente. Yo no acepté en un inicio, pero me convenció de hacerlo. Me dijo (palabras más, palabras menos) que en política no se nos permite elegir, que alguien nos elige y que debemos aprovechar las oportunidades. Carlos de la Madrid no era elocuente, usaba pocas palabras, pero lo que me dijo me pareció muy razonable. «Este es el oficio que elegí y debo aprenderlo de los que saben más que yo», me dije. Entonces acepté y fui regidor suplente en su planilla. Con los años siempre me trató de forma amable, aún cuando nunca participé en su gobierno, ni en el municipal ni en el estatal, pues después de la presidencia de Colima alcanzó la gubernatura del estado. Nunca fué mi jefe, vamos, pero siempre le guardé respeto, en especial por aquella historia que compartimos y aquella breve lección que nunca olvidé y que me sigue ayudando a elegir rumbo en los momentos difíciles. Buen viaje don Carlos…

El poder de gol de la tía Chofis

Fecha: 30 de junio de 2014 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 3

Mi tía Sofía, a la que llamamos cariñosamente, «La Chofis», posee un don especial (o una maldición si ustedes quieren). Adora los partidos de fut, en especial los de la selección mexicana, pero nunca puede ver los goles a favor, pues siempre que se levanta a medio juego para abrir el refri y servirse alguna bebida o preparar una botana, la selección anota. Es algo increíble, mágico y en ciertos momentos espeluznante. En este mundial ocurrió lo mismo: cuantas veces se levantó al refri nosotros terminamos coreando el gol de la selección y ella terminó corriendo para ver, al menos, la repetición. Por supuesto, si se emociona con el juego y no se levanta de su lugar, México termina sin anotaciones. Así ocurrió en el encuentro con Brasil. A mi tía Chofis le encanta ver jugar a los brasileños, que porque juegan muy sensual, dice, como si estuvieran bailando samba. El caso es que no quiso ni levantarse, con el resultado que todos conocemos. Por lo menos tampoco nos anotaron a nosotros, ni siquiera con el tal Neymar. Eso sí, en el juego contra Croacia, se levantó tantito antes del minuto 72, un poco adormilada, para prepararse un café y cayó el primer gol del Rafa Márquez.  Todos gritamos de emoción y mi tía regresó apresurada. Como es lógico, la exhortamos ruidosamente para que volviera a levantarse, pero ella se negó, que «porque el partido se había puesto rebueno». En fin. La convencimos dos o tres minutos después y mira nada más, que anota Guardado. Todos en la familia nos sentimos viviendo un momento mágico y mi tía Chofis comenzó a percibir que lo suyo era un gran poder, no una maldición, esa maldición que la hacía renegar en todos los mundiales. Para comprobarlo, se volvió a levantar a la cocina con cualquier pretexto, a eso del minuto 82 y  créanlo o no, fue cuando cayó la anotación de Javier Hernández. Total, que mi tía fue la heroína de la tarde y sus proezas fueron la materia común de las conversaciones familiares. Por supuesto, los sobrinos y toda la parentela de La Chofis le contamos a todo mundo la historia y, a pesar de que recibimos alguna palmada solidaria y una que otra sonrisa de comprensión, supimos que nadie nos creyó. La historia fue interpretada como una afortunada coincidencia. Así pasaron los días hasta que llegamos al juego contra Holanda. En la familia quisimos aprovecharnos de su don y en cierto momento del juego le pedimos que fuera a la cocina. Y sí, como si fuera magia, México anotó su gol en medio de la algarabía familiar. Uno de mis primos, emocionado, comenzó a tuitearle a Miguel Herrera para contarle que en nuestra casa poseíamos la clave para conquistar el campeonato del mundo. Mi tía, por supuesto, se sintió especial en ese momento. Creo que llegó a imaginarse como invitada de algún programa deportivo, de los que tanto le gustan, o incluso de alguno más divertido, como Ventaneando, porque deben saber que La Chofis no se pierde los chismes y es admiradora del Bisoño, o Bisogno, o como se diga, y de Pedrito Sola. El partido siguió corriendo y mi tía se quejó de que la selección se quedaba atrás. Incluso vaticinó que si seguían así en cualquier momento nos anotarían el del empate. «¿Qué le pasa al Piojo?», dijo con desesperación. Un tío, que se las da de mucho mundo (fue marinero), dijo que eso ocurre siempre con los temperamentos latinos: si vamos ganando queremos que ya se termine el partido y si vamos perdiendo nos damos por perdidos, al contrario de algunos europeos, que juegan al cien todos los minutos del juego. Un primo dijo que eso es cierto, que los alemanes, por ejemplo, son como los zombies, inexorables, que siempre puedes contar con que seguirán llegando a dar lata hasta el último minuto del partido. Todos estuvimos de acuerdo y la angustia se nos quedaba entre las muelas, como chicle. Y sí, ocurrió lo que tanto temíamos y había pronosticado La Chofis: el gol del empate. Entonces, asustados, exhortamos ruidosamente a mi tía para que fuera al refrigerador. Así ocurrió durante muchos minutos. Mi tía se levantaba, acudía presurosa al refri, lo abría, destapaba un refresco y hasta preparaba rápidas botanas frías y regresaba a sentarse, pero nada. Cuando nos marcaron ese injusto penal y Guiillermo Ochoa se tiró al otro lado de la dirección del balón, casi arrojamos a la tía Chofis a la cocina, pero pasaron los minutos y nada. Uno de mis tíos dijo que a lo mejor el hechizo funcionaba si la tía se sentaba y se levantaba de repente a la cocina. Y deberían haber visto a La Chofis sentándose en el sillón, levantándose y corriendo a la cocina a preparar culqquier cosa en los angustiantes minutos del último tramo del partido. Pero nada. Nunca cayó el gol que tanto esperamos. Mi tía se sentó fatigada y descompuesta. Todos comentamos un poco del partido y nos fuimos dispersando como llegamos. La única que se quedó viendo los comentarios finales fue mi tía Chofis, sin duda decepcionada por todo. Ese día no perdió la selección. Nosotros perdimos la confianza en el poder de mi tía y ella perdió la oportunidad de ser invitada a La Jugada, a Los Protagonistas y hasta a Ventaneando. Ya ni modo. Para el otro mundial veremos lo que pasa.

Augurium, Auspicium

Fecha: 20 de junio de 2014 Categoría: La inspiración clásica Comentarios: 0

El augurio (recabar el presagio divino de las entrañas de ciertas aves) fue perdido, pues ya no quedan augures profesionales, cuya ciencia se perdió en el abismo de las conquistas, las pestes y las osadías de la razón. Sólo quedan los auspicios, que no se recaban con un rito. Signos al vuelo que se manifiestan -sin pedirlos- del aleteo o el canto de cualquier ave, a la espera de la interpretación de un arúspice natural, atento y sensible a lo que ocurre frente a sus ojos.

Uno de los grandes

Fecha: 21 de mayo de 2014 Categoría: Casa de Empeños Comentarios: 1

Cuando tenía unos ocho o nueve años acompañé a mi padre a una visita a un domicilio. Una casa de altos muros y ventanas, muy cercana al centro del Colima. Mi padre llevaba un legajo de documentos que requerían una firma. Mi padre era, por ese tiempo, subdirector de la Secundaria 80 y también colaboraba en la Universidad de Colima. Alguien abrió la puerta, nos hicieron pasar y subimos a una de las habitaciones. Allí estaba, en cama y muy enfermo de tos, el funcionario al que buscaba mi padre. La tos no le permitía ni siquiera sostener una plática continua, pero me saludó con mucha amabilidad, lo mismo que a mi padre. Hizo algunas preguntas y se incorporó, con muchas dificultades, para firmar todos los documentos. Nos despedimos de él y salimos. Me impresionaba mucho que alguien tuviera que ser molestado cuando estaba enfermo. Le pregunté a mi padre sobre eso. Me dijo que cuando alguien tiene una función importante ninguna enfermedad puede detenerlo. Debe hacer lo que tiene que hacer y punto. A mi padre le gustaban las frases así, un poco dramáticas pero efectivas. Volví a ver la casa desde afuera. Volví a ver los muros altos, por lo menos para mí, y las ventanas que no parecían estar al alcance. Le pregunté sobre eso a mi padre. Nuestra casa era distinta, con un jardín a la vista y una puerta que siempre estaba abierta. Me dijo algo así: “Es que es un político y a los políticos no les gusta estar a tiro de piedra. Alguien puede querer hacerles daño”. Le pregunté más sobre eso, sobre lo que significaba ser un político y la razón de que alguien pudiera querer hacerles daño. Mi padre era paciente y tenía instinto pedagógico. Me explicó que algunas personas aspiran a tomar decisiones, a ser los que dirigen las empresas, las instituciones, los países. Es una vocación, como aspirar a ser médico o ingeniero. A esas personas se les llama políticos y los hay de muchos tipos, buenos y malos, pero todos tienen que tomar decisiones que otros no quieren o no pueden tomar y cuando las toman no pueden evitar beneficiar a algunos y molestar a otros, pues nadie puede quedar bien con todo el mundo, así que los políticos deben saber cuidarse de quienes no están contentos con ellos. Pero —añadió— si lo piensas bien, así le ocurre a todo el mundo. Ni el hombre más alejado de la política puede estar bien con todos. Siempre habrá alguien que lo envidie o se sienta ofendido por él y algunos querrán dañarlo, por eso hay que tener cuidado.

Con los años entendí muy bien eso que me dijo mi padre y fui testigo de ese peligro que corren los políticos. Ejemplos los tenemos a la mano y no es necesario recordarlos en este momento. Lo importante aquí es que a ese personaje, que ya en aquella época era importante, lo seguí viendo y disfruté muchas veces de sus palabras a lo largo de los años. Era un hombre tranquilo, sosegado, siempre dando la impresión de que nada podía sorprenderlo y que esperaba lo mejor o lo peor de cada circunstancia con la misma naturalidad. Siempre me trató con afecto, un afecto familiar, el mismo que le había dispensado a mi padre y que yo heredé. Por supuesto, mi padre le tenía particular estimación. Una vez me dijo que gracias a él había podido sortear algunas dificultades personales a lo largo de los años.

Con los años yo mismo me convertí en un personaje público y, cosa curiosa, pude ser secretario de la administración estatal, en el área cultural, al mismo tiempo que aquel político que había conocido de niño, que lo fue en el área de planeación. Siendo una personalidad importante en sus mejores años como funcionario público, siguió como tal en la última etapa de su vida. Fue rector de la Universidad de Colima, a la cual convirtió en una institución educativa sólida. También fue diputado federal, secretario de Planeación del Gobierno del Estado y dueño de un importante medio de comunicación impreso. En su última etapa como servidor público todavía hizo una aportación más a su entidad natal, siendo uno de los principales promotores para la creación de una nueva institución educativa: la Universidad Tecnológica de Manzanillo.

No puede decirse que no cumplió su misión en la vida. Tampoco puede decirse que quedó bien con todos aquellos que lo conocieron, pero así es esto: no existe la política sin controversia, como no existe el éxito sin lastimar algunos intereses. Lo importante es que su nombre queda inscrito en muchos capítulos importantes de la historia política, educativa, universitaria y administrativa de la entidad. Fue uno de los grandes de Colima. Sin duda.

Descanse en paz, Jorge Humberto Silva Ochoa. Yo lo recordaré con afecto.