El creador tiene como materia prima el instinto. El funcionario cultural la racionalidad. Uno trabaja con el absurdo y de allí extrae consecuencias lógicas. El otro intenta volver absurdo el resultado lógico del primero. En fin. Ni como entenderlos.
El creador tiene como materia prima el instinto. El funcionario cultural la racionalidad. Uno trabaja con el absurdo y de allí extrae consecuencias lógicas. El otro intenta volver absurdo el resultado lógico del primero. En fin. Ni como entenderlos.
La verdad no se revela plena. Nos dice a cuentagotas. Nos deja avanzar a tientas, con la sonda en la mano, dando bastonazos de ciego: imaginando, avanzando, retrocediendo… También gusta de confundirnos, dándole certeza a lo errático y haciendo cómodo lo falso. Otras veces, le pone dudas a lo que parece certero y vuelve incómodo el camino correcto. Otras más, muchas de hecho, le da poder a lo estúpido e impotencia a lo sabio. Pareciera adorar el extravío, arrojarnos al laberinto sin madeja ni hilo entre las manos. Pero no siempre. De vez en cuando abre un poco la persiana y deja que entre la luz. Ya se dijo alguna vez: los dioses aprietan pero rara vez ahorcan.
Hay palabras que alguien dice y que se olvidan.
Se diluyen en la corriente… la misma que viene y va.
Pero aquello que dices y la forma que lo dices,
para mí tan valioso (lo sé) que es y será…
¿Qué hago con eso?
¿Cómo lo guardo?
¿Cómo lo rescato del rápido pasar?
¿Cómo lo salvo del dulce olvido y lo conservo en mi duro andar?
Alguien hace música en la calle
de la calle
por la calle
pero eso no importa
todos lo hacen aquí,
mientras otro se tapa los oídos al pasar.
Siempre es así por Sunset Strip.
Muchos adoptan por aquí un mismo lugar y no quieren compartirlo.
Se vuelve su lugar.
Se les queda en la piel.
Siempre ocurre así por Sunset Strip.