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Los iracundos

Fecha: 23 de agosto de 2020 Categoría: Agudezas Comentarios: 0

La ira de quienes odian al mundo y quisieran verlo arder me toca a veces. Es como si, en algunos momentos, me convirtiera en blanco circunstancial de los iracundos sin sentido. Pero es una emoción efímera y sin asidero en mi alma. Tan sólo la veo pasar y nunca logra quedarse conmigo. No puedo conservarla. Vaya, ni siquiera se traduce en rencor en mí. Entonces, se la regreso a sus autores sin usarla.

Pequeña osadía

Fecha: 11 de agosto de 2020 Categoría: Eso que brota Comentarios: 0
Viven dos tras aquel portón lejano.
Una Teté y el otro su hermano.
A éste, creemos, le dicen Bulfrano.
Nunca van juntos, cada cual ufano.
Se sospecha: son el mismo fulano.

Promesa

Fecha: 2 de agosto de 2020 Categoría: Eso que brota Comentarios: 0
Promesa.
 
Camino por allí. Una mujer me sonríe. Le sonrío también, pero traigo un oscuro y sólido cubrebocas y no creo que haya mirado mi sonrisa. Sigo. Al regresar la encuentro de nuevo y me sonríe otra vez. Volví a sonreír con ella, claro, pero sigo con la cara tapada y quizás ni supo que le había sonreído en respuesta a su bella sonrisa. Cuando pase esto, la pandemia y todo lo demás, regresaré por aquí para ver si la encuentro. Le daré una sonrisa a rostro descubierto. Claro, quizás para esa fecha ni siquiera se digne sonreírme. Hasta es posible que no exista: que sea tan sólo la ilusión de una mujer que le sonríe al pasar a un individuo con sonrisa escondida, un caminante que sonríe sin que nadie se pueda dar cuenta. Es posible.

 

Fingirse loco

Fecha: 23 de julio de 2020 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0
Gran serie Godfather of Harlem (2019), con las actuaciones de primera línea de Forest Whitaker, Vincent D´Onofrio, Luis Guzmán, Chazz Palminteri y el histórico Paul Sorvino. De alguna forma es una serie heredera del subgénero «blaxpoitation», que se distinguió por la acción y el thriller de bajo presupuesto, destinado al público afroamericano. Incluso existió una película de los años 70 llamada, también, El Padrino de Harlem, con una historia similar e inspirada en el mismo personaje: el mafioso Bumpy Johnson, vinculado a figuras legendarias de la mafia noeyorquina, como el mismo Lucky Luciano y el «diplomático» Frank Costelo.
 
Por la serie desfilan figuras de la época, como el famoso orador, ministro religioso (de la llamada «Nación del Islam») y activista, conocido como Malcolm X. También aparecen por allí Cassius Clay (Muhammad Alí), el famoso delator de la mafia Joe Valachi (el que dio a conocer al mundo el término «Cosa Nostra») y muchos más, entre ellos un personaje fascinante: Vincent “Chin” Gigante.
 
Podríamos hablar horas de este periodo, pero me interesa en especial referirme a este personaje histórico, Gigante, que tiene un papel esencial en la serie.
 
Vincent Gigante, conocido por su apodo «Chin» (barbilla o mentón), fue un famoso mafioso que ascendió hasta los escalones más altos de las familias criminales neoyorquinas, con una influencia que se prolongó por décadas (fue líder de la “familia” Genovese hasta el 2005).
 
Este mafioso eludió durante años la acción de la justicia con una inusual estrategia: fingía estar loco, con ciertas características que imitaban a la esquizofrenia. Lo hizo tan bien que hasta el FBI pensaba que era mentalmente incapaz para ser juzgado. Incluso tenía valoraciones psiquiátricas (amañadas, sin duda) de tales dolencias y hasta de una disminución dramática de su capacidad intelectual, la que se ubicaba por debajo de lo normal.
 
Todo eso era falso, claro, pues en realidad era un tipo despiadado, de aguda inteligencia y sin límites morales.
 
Gigante se ponía a pasear durante el día por las calles aledañas a su casa en una sucia bata, con pantuflas y con una apariencia totalmente descuidada. Babeaba, hablaba incoherencias y actuaba como un perturbado todo el tiempo. Cuando llegaba a su casa, siempre de la mano de algún colaborador, se ponía a organizar y controlar su imperio ilegal. Parte de ese imperio se sustentaba en el juego, la extorsión y la venta de drogas.
 
La serie explora una etapa de la vida de Gigante cuando controlaba operaciones criminales en Harlem y entra en conflicto con el protagonista, el mafioso afroamericano Bumpy Johnson.
 
Décadas después de su farsa de locura, Gigante fue por fin capturado y sentenciado. Entre otras acusaciones se le señaló la obstrucción de la justicia, pues se consiguieron pruebas de su actuación en privado, en total coherencia y tomando decisiones astutas. Moriría en un hospital para prisioneros en 2005.
 
Aquí vienen unas dudas:
 
¿Será posible fingirse loco por años y años, sin que tal tendencia embote el propio raciocinio y la noción de la normalidad cotidiana?
 
¿Si nos fingimos locos durante varias horas del día será posible retornar a decisiones coherentes el resto del tiempo?
 
¿La farsa de la locura no impregnará nuestro ser y nos dominará?
 
¿Tendríamos la capacidad de separar lo que es la locura y la “normalidad”?
 
Todo un caso digno de reflexión. Tan sólo por eso Gigante es una personalidad digna de estudio.

Celos y sentimientos

Fecha: 17 de julio de 2020 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0

Hoy tuve la oportunidad de estar en la misma mesa con el Presidente Andrés Manuel López Obrador. No es la primera vez que eso ocurre. Lo conocí hace muchos años en un evento en la Ciudad de México, cuando yo participaba en algo que se llamó Juventud Progresista, organismo juvenil afiliado a la Corriente Democrática del PRI.

Esa corriente, por demás histórica, la integraron, además del hoy presidente, Porfirio Muñoz Ledo, Cuauhtémoc Cárdenas, Ifigenia Martínez y otros más.

Sería una indiscreción y una irresponsabilidad de mi parte relatar lo platicado en la mesa de hoy, pues se analizaron temas de seguridad del país y del estado, pero puedo rescatar, para ustedes una pequeña afirmación que hizo el presidente.

Las frases, dichos y expresiones de los presidentes siempre me parecen interesantes, pues en un instante transmiten, de forma condensada, toda una vida de experiencias, toda una visión del mundo, todo un saber acumulado.

Pues bien, el presidente Andrés Manuel, después de dar unas instrucciones a un par de funcionarios que lo acompañaban, dijo en un tono resignado: «hay muchos celos y sentimientos en este oficio noble de la política».

Cierto. A veces hasta la menor de las decisiones genera efectos en el círculo que nos rodea. Se exige entonces la capacidad de anticipar lo que otros pensarán, pues muchas veces algo que parece sin importancia desata toda una serie de consecuencias inadvertidas.

En la actividad pública (quizás en todas las actividades) abunda la desconfianza, la envidia, la codicia, pero también aparecen los celos (profesionales y políticos) y los sentimientos encontrados.

En esa maraña de emociones el líder de un proyecto debe saber equilibrar lo que hace y lo que dice, previendo el efecto en los demás. No es algo sencillo, se los puedo asegurar.