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Apuntes sobre lo aparente

Fecha: 27 de junio de 2019 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0

1) Toda emoción es mutable. Es el caso del amor, claro, pero también de toda admiración excesiva hacia alguien: con facilidad se vuelve desilusión y rencor. Decir «te amo» puede volverse un drástico «te odio» y viceversa. Me ha pasado algunas veces y por eso ya no me extraña. Las declaraciones de adhesión o rechazo están condicionadas a lo que suceda después.

Por eso procuro no odiar a nadie. Me aterraría terminar a besos con quien me despierta repulsión.

2) Toda adulación puede enmascarar vilezas tales como la envidia y el rencor. Quien adula no intenta halagar, sino manipular. Al adular se pretende obtener un beneficio concreto y si no se logra se caen con facilidad las apariencias. Es incluso posible que el tamaño de la adulación sea el reflejo de una opinión profunda en antagónico, como si fuera un negativo.

Si alguien te dice «eres lo máximo, lo inconmensurable, lo divino», deberías agarrarlo a golpes y escapar de allí a toda prisa.

3) Los que te hablan con un gran respeto, sin que parezca existir una clara justificación, en realidad están disimulando su desprecio hacia ti. La forma intenta distraer la atención del fondo. Es en realidad una estrategia por enmascarar la verdadera opinión. Por eso, los seres dotados de sabiduría exigen que se les trate sin ese respeto aparente, sin esas fórmulas de excesiva cortesía, sin ese oropel y etiqueta con olor a naftalina. Toda agresión pasiva es respetuosa y solemne, pero es un engaño: Se volverá agresión física si el respetuoso tiene la oportunidad.

No le des la espalda a quien te habla de «usted» con tono rimbombante. No vaya a ser que termines con una daga en el lomo.

Arriba…

Fecha: 23 de junio de 2019 Categoría: Eso que brota Comentarios: 0

 

Subir la colina la orden

y nos arrojamos como bestias.

No importaba:

éramos jóvenes y se podía

tirar la vida.

Ya se sabe, hay una edad

donde se ignora lo que vendrá.

 

No flanquear fue otra orden.

Imposible:

duraría días perderse en la selva, sin pelear

(“ocio de combate”, dijeron que sería)

 

Primero los cañones,

calibre de ablandamiento

―dijeron―

Pero no gran cosa,

―lo aceptaron―

Apenas llamaradas para levantar la moral

de los que mirábamos,

sin mucho daño real

entre los de aquel lado.

 

Un ascenso con olor a quemado,

la colina se derramaba

de aquello que la colmó ayer.

Lágrimas como lava.

Pastillas efervescentes

(en agua de jamaica)

 

Así resistieron,

entre el dolor y el olor a dolor.

Besaban sus signos y disparaban

dejándose matar mientras mataban

(hacemos todos algo así).

 

Hubo actos heroicos, cierto,

y muertos por racimo

entre los que subían y bajaban.

Unos sentían subir a la gloria,

otros bajar al infierno,

pero unos y otros morían,

anhelando estar en ningún lugar

o en todas partes,

menos allí,

en el último lugar que verían.

 

Al disiparse el dolor,

al callarse el humo,

al apagarse los gritos

por las gargantas quemadas,

llegamos a la cúspide.

 

Morir o vivir, digámoslo de una vez, no es cosa de talento, ni voluntad, ni destreza. Es cosa de azar. Algunos pensaban y morían. Otros rezaban y morían. Otros se escondían y morían. Yo viví, llegué arriba y no podría explicarlo.

 

Volvimos la vista

por la colina arrasada.

Una gran colina,

con argamasa de carne

y contrafuertes de lágrimas.

 

Nos quedamos allí un rato.

“Fue un éxito”

―dijeron―

y repartieron medallas.

 

Bajamos y miré esa colina

que nadie conocía ayer

y que tan poco importaba.

 

Desde ese momento quise olvidarla.

 

Besos al atardecer

Fecha: 23 de junio de 2019 Categoría: Eso que brota Comentarios: 0

Miré ese jardín muchas tardes

esa banca

a esta hora en especial

soñando con besar unos labios

que nunca pude besar.

Esos labios se escaparon

tantas veces

que a fuerza de anhelarlos

de escribirlos

de saborearlos a solas

se calcaron en los míos.

Ahora ya no sé si estos labios

los que uso

con los que digo y susurro

con los que como y bebo

con los que digo discursos

poemas y desvaríos,

son los que ya tenía

los que deseaban besar

y se quedaron vacíos

o los que fueron impresos

de tanto anhelo perdido

de tanto ser deseados

quitando de su lugar

a los que fueron los míos.

Un poco de Paz

Fecha: 22 de junio de 2019 Categoría: Casa de Empeños Comentarios: 0

Los escritos políticos de Octavio Paz siempre arrojan alguna sorpresa, una reflexión interesante, un análisis profundo. Incluso, parecen escritos ayer. Por ejemplo, este fragmento de una carta dirigida a Manuel Moreno Sánchez, el 28 de noviembre de 1968 (Castañón, 2019):

 

Estoy seguro de que nuestro país inventará sus propias formas democráticas y de participación social, como hace cincuenta años encontró soluciones para los problemas heredados de la Colonia y del siglo XIX. Es una tarea que requiere aquella imaginación política de que hablábamos en nuestras conversaciones juveniles. Algo de que carecen tanto los dirigentes actuales como los viejos partidos de la izquierda fosilizada y los grupos de la izquierda frenética. Es la hora de la crítica creadora -la verdadera crítica siempre lo has sido― y creo que tú tienes mucho qué decirnos y decir a los jóvenes.

 

Parece increíble, pero aquí se siente el pulso del presente… ¿Será eso anticipación, el resultado de un análisis atemporal que no pierde vigencia, o es simplemente que los problemas de México se mantienen por décadas sin solución posible?

Lo cierto es que sigue pendiente la necesidad de una visión reformadora, lo cual exige imaginación política, es decir, capacidad de innovar, de encontrar soluciones distintas a los retos de siempre. No es algo sencillo, como queda claro, pero debe intentarse. De otra forma seguiremos repitiendo lo mismo, lo cual apenas sirve para mantener a flote la forma sin fondo, o mejor dicho: una forma desfondada.

Por otra parte, es fácil constatar que los dirigentes actuales no poseen esa imaginación. Es fácil encontrar en ellos (en ellas también) ocurrencias, pero no ideas. Es también vigente la nota sobre la división de la izquierda: parece partida entre la fosilizada y la frenética, la que mira a los viejos referentes con nostalgia o la que se desgañita en la discusión (más bien, en la alegata) sin tregua ni racionalidad. Urge una izquierda con mentalidad acorde a los tiempos. Un izquierda moderada e inteligente. Creo que existen por allí algunos (algunas) representantes de esa versión, pero no parecen notarse en este momento.

Es justo, además, exigir una crítica creadora. Abunda la otra: la que quiere destruir, vengarse de algo, lastimar lo que se pueda, descomponer lo más. Nada más deslicemos la mirada por las redes sociales, donde abundan esos afanes destructivos. Ojalá fueran un patrimonio del internet: esas voces con timbres de odio y de ruina están en todas partes, obnubilando cualquier destello de racionalidad. En cambio, se advierten las carencias de impulso creador, es decir, que en lugar de sólo criticar para destruir se critique para sustituir. Eso implicaría señalar lo que está mal, oponiendo en seguida la propuesta para que eso se vuelva algo mejor. Tarea más dura aún, pues implica poseer sentido propositivo y algo de grandeza.

 

Castañón, A. (2019). Zona Paz. Recuperado el 21 de Junio de 2019, de Apuntes sobre «Nocturno de San Idelfonso»: https://zonaoctaviopaz.com/espacios/conversacion-y-novedades/apuntes-sobre-nocturno-de-san-ildefonso/

Cosa de lágrimas

Fecha: 21 de junio de 2019 Categoría: Eso que brota Comentarios: 0

Llorar es respirar. En el primer llanto le decimos al mundo que ya llegamos. Es el anuncio de que la vida sale a respirar… ¿por qué entonces nos avergonzarán las lágrimas?

 

Si al nacer lloramos por primera vez, ¿entonces todo el llanto que viene después es renacer?

 

El llanto del cielo es llover. Hasta se parecen: llanto, llover. Lágrimas que fertilizan el suelo.

 

La lágrima que corre labra la mejilla, humedece el alma, fertiliza la piel, vuelve maleable la costra de los días.

 

Si se agotara la lluvia vendría una estación seca, la erosión. Erosión es el suelo vuelto polvo y olvido. Sin llorar también se erosionaría nuestra mirada y se disiparía en polvareda.

 

Sequía es anhelar el agua. Cuando no llueve esperamos que llueva. Lloramos mientras tanto. Nuestras lágrimas anticipan a la lluvia.

 

Lloramos, nuestra agua no se agota. Es un don de nuestra especie: tenemos manantiales para satisfacer el goteo de las tristezas. Un río subterráneo corre bajo el estanque de los ojos.

 

Es un portento de lo humano: producir agua salada para derramarla por el mundo.

 

¿A dónde van las lágrimas que nadie ve?, ¿sirven para algo?, ¿o será que sólo existe el llanto que es mirado?

 

Aquellos que lloran de alegría no merecen el perdón. El mundo sólo gusta del llanto de pena y dolor.

 

Sé de quienes lloran en silencio, en tímido lloriqueo. Absurdo. Es mejor llorar a todo pulmón. Sin el llanto como aviso, como llamada, nadie llegará a dar consuelo. Ahora que lo pienso también se parecen: llanto, llamada, llegar.

 

El sollozo es aberrante. Es un simple balbuceo del llanto. Llorar es algo fuerte y duro, es un gesto orgulloso que sirve para curtir el alma.

 

Llorar es humedecer las penas para que se apresuren a reverdecer y dar fruto.

 

Llorar es aceptar que algo de nuestro dolor vale la pena.