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Variación sobre Gracián

Fecha: 27 de junio de 2019 Categoría: Agudezas Comentarios: 0

Algunas cosas son breves y buenas, a la manera de Gracián, otras lo son por inconclusas e inmaduras. Breves sí, pero sin fuego. Una brevedad sin mérito ni brío.

Ahora que lo pienso este mismo apunte ya salió muy largo. Lo reduciré así:

Algunas cosas son breves y buenas, otras lo son por inconclusas.

(Quedó mejor, digo yo)

No renovable

Fecha: 27 de junio de 2019 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0

Por allí andan a diario, obsesivos, intentando no tirar más de lo debido, cuidar los recursos, ahorrar lo posible, no desperdiciar… Ah, pero lo que es el tiempo lo dilapidan sin medida. Se les olvida que el tiempo es el gran recurso no renovable del mundo y de la vida. Aún sin nuestra voluntad se diluye momento a momento y sin embargo lo dejamos perder. Aquí no se puede cerrar la llave, pero se puede aprovechar ese goteo que se vuelve torrente y que se va para no volver.

Apuntes sobre lo aparente

Fecha: 27 de junio de 2019 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0

1) Toda emoción es mutable. Es el caso del amor, claro, pero también de toda admiración excesiva hacia alguien: con facilidad se vuelve desilusión y rencor. Decir «te amo» puede volverse un drástico «te odio» y viceversa. Me ha pasado algunas veces y por eso ya no me extraña. Las declaraciones de adhesión o rechazo están condicionadas a lo que suceda después.

Por eso procuro no odiar a nadie. Me aterraría terminar a besos con quien me despierta repulsión.

2) Toda adulación puede enmascarar vilezas tales como la envidia y el rencor. Quien adula no intenta halagar, sino manipular. Al adular se pretende obtener un beneficio concreto y si no se logra se caen con facilidad las apariencias. Es incluso posible que el tamaño de la adulación sea el reflejo de una opinión profunda en antagónico, como si fuera un negativo.

Si alguien te dice «eres lo máximo, lo inconmensurable, lo divino», deberías agarrarlo a golpes y escapar de allí a toda prisa.

3) Los que te hablan con un gran respeto, sin que parezca existir una clara justificación, en realidad están disimulando su desprecio hacia ti. La forma intenta distraer la atención del fondo. Es en realidad una estrategia por enmascarar la verdadera opinión. Por eso, los seres dotados de sabiduría exigen que se les trate sin ese respeto aparente, sin esas fórmulas de excesiva cortesía, sin ese oropel y etiqueta con olor a naftalina. Toda agresión pasiva es respetuosa y solemne, pero es un engaño: Se volverá agresión física si el respetuoso tiene la oportunidad.

No le des la espalda a quien te habla de «usted» con tono rimbombante. No vaya a ser que termines con una daga en el lomo.

Arriba…

Fecha: 23 de junio de 2019 Categoría: Eso que brota Comentarios: 0

 

Subir la colina la orden

y nos arrojamos como bestias.

No importaba:

éramos jóvenes y se podía

tirar la vida.

Ya se sabe, hay una edad

donde se ignora lo que vendrá.

 

No flanquear fue otra orden.

Imposible:

duraría días perderse en la selva, sin pelear

(“ocio de combate”, dijeron que sería)

 

Primero los cañones,

calibre de ablandamiento

―dijeron―

Pero no gran cosa,

―lo aceptaron―

Apenas llamaradas para levantar la moral

de los que mirábamos,

sin mucho daño real

entre los de aquel lado.

 

Un ascenso con olor a quemado,

la colina se derramaba

de aquello que la colmó ayer.

Lágrimas como lava.

Pastillas efervescentes

(en agua de jamaica)

 

Así resistieron,

entre el dolor y el olor a dolor.

Besaban sus signos y disparaban

dejándose matar mientras mataban

(hacemos todos algo así).

 

Hubo actos heroicos, cierto,

y muertos por racimo

entre los que subían y bajaban.

Unos sentían subir a la gloria,

otros bajar al infierno,

pero unos y otros morían,

anhelando estar en ningún lugar

o en todas partes,

menos allí,

en el último lugar que verían.

 

Al disiparse el dolor,

al callarse el humo,

al apagarse los gritos

por las gargantas quemadas,

llegamos a la cúspide.

 

Morir o vivir, digámoslo de una vez, no es cosa de talento, ni voluntad, ni destreza. Es cosa de azar. Algunos pensaban y morían. Otros rezaban y morían. Otros se escondían y morían. Yo viví, llegué arriba y no podría explicarlo.

 

Volvimos la vista

por la colina arrasada.

Una gran colina,

con argamasa de carne

y contrafuertes de lágrimas.

 

Nos quedamos allí un rato.

“Fue un éxito”

―dijeron―

y repartieron medallas.

 

Bajamos y miré esa colina

que nadie conocía ayer

y que tan poco importaba.

 

Desde ese momento quise olvidarla.

 

Besos al atardecer

Fecha: 23 de junio de 2019 Categoría: Eso que brota Comentarios: 0

Miré ese jardín muchas tardes

esa banca

a esta hora en especial

soñando con besar unos labios

que nunca pude besar.

Esos labios se escaparon

tantas veces

que a fuerza de anhelarlos

de escribirlos

de saborearlos a solas

se calcaron en los míos.

Ahora ya no sé si estos labios

los que uso

con los que digo y susurro

con los que como y bebo

con los que digo discursos

poemas y desvaríos,

son los que ya tenía

los que deseaban besar

y se quedaron vacíos

o los que fueron impresos

de tanto anhelo perdido

de tanto ser deseados

quitando de su lugar

a los que fueron los míos.