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Cuatro veces las voces

Fecha: 26 de marzo de 2019 Categoría: Eso que brota Comentarios: 0
Alguien me dice cosas que no escucho,
o escucho sin comprender.
Por mis orejas cruzan
signos inconclusos
nombres a medias
apuntes ilegibles y, ¿por qué no decirlo?
barbaridades completas.
 
Sé que alguien me dijo algo importante
pero no puedo recordarlo
y a estas alturas de mi vida
no puedo precisar lo que es o no se es
aquello que fue o pudo ser
lo que tiene sentido o sufre de extravío
lo que debería repetir o callar.
 
Algunas veces, mientras callo
las voces de afuera arrecian
ensordecen
y otras veces
cuando hablo con fuerza
las voces se acongojan
como si aguardaran mi silencio.
Pero no es siempre:
En ciertos casos si grito
las voces también gritan
como una competencia de sonidos
y en contadas ocasiones
mi silencio es el silencio
de las voces que rodean.
 
Yo digo, ella dice
callo y ella calla
pero siempre alguien habla por allí
interrumpiendo nuestro cómodo silencio.
Deberían los demás estar atentos
al ritmo de los amantes que se miran.
El mundo sería más simple
y los silencios serían
(un poco más al menos)
elocuentes
sensatos
definitivos.

La voz interior…

Fecha: 10 de marzo de 2019 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0

Dicen que escuchemos nuestra voz interior. Lo dice el apasionado de los estudios gnósticos, el entusiasta de las filosofías orientales, el gurú de alguna extraña fraternidad y el promotor del naturismo, sin olvidar a los bobalicones esotéricos y los supuestos expertos en metafísica que nos rodean. Ya saben: abunda la gente que da ese tipo de consejos sin saber de lo que habla.

El problema es que cuando uno se sumerge en el pozo de la identidad no brota una voz, sino muchas. Allá en lo profundo habita un concierto. Mejor dicho: un barullo de voces y sonidos, como si nos poblase una selva de palabras y como si cada neurona, entre millones, articulara alguna posibilidad de alcanzar la relevancia o intentara dominar el vocerío.

Dicen los que dicen saber (aunque yo digo que no saben nada), que detrás de esa maraña de voces de variado calibre existe una grave y profunda, la verdadera voz interior, que sólo responde a los osados. Entonces debemos insistir, hasta que los sonidos dejen abierta una brecha silenciosa por donde pueda transitar el entendimiento.

El otro día lo intenté (después de todo en la vida hay que intentar las cosas) y me sumergí en la nube de sonidos intentando llegar a lo distante. Debí ignorar el tumulto, la maraña de tonos y de timbres, el ronroneo, los susurros y murmullos, hasta que todo quedó en silencio. No escuchaba ni mis pasos por una suave y oscura vereda, hasta que sentí llegar a lo profundo. Entonces brotó una voz cavernosa y comprendí que era la voz interior de la que tantos mercachifles hablan. La voz dijo con dicción perfecta:

“Déjame en paz y sigue en lo tuyo”

Así lo hice. Me regresé a mi mundo, atravesando todas las barreras repletas de sonido, toda la selva, la maraña, la red, el ensordecedor alboroto, la agobiante agitación de las palabras, hasta ser dueño de mi otra vez.

No volveré a intentar hacerla de Kalimán, lo juro y al que me salga con ese tipo de consejos le daré unos sopapos.

Juego de párpados

Fecha: 18 de febrero de 2019 Categoría: Eso que brota Comentarios: 0
Cierro los ojos.
Mis párpados son espejos.
 
Veo mi oscuridad,
mis destellos,
las líneas que olvidé,
mis garabatos en el alma…
 
Cierro los ojos.
Me veo en los tuyos.
 
Cierro los ojos.
Entiendo que al final alguien nos cierre los párpados,
pero quizás ya estaban cerrados desde hace años:
haciendo como que veían
ese pálido contraste con la oscuridad,
percibiendo la luz a cuentagotas,
contando a puños fotones o candelas.
 
Cierro los ojos.
Aun así, lo entiendo…
pero nadie nos los abrió cuando nacimos.
Nos hicieron llorar, quizás,
pero los párpados los abrimos solos.
 
¿Por qué entonces nos los cierran?
Deberían dejarlos abiertos,
para ver al final lo que se viene.
 
Cierro los ojos.
Deberíamos dormir con los párpados abiertos
para recordar lo que soñamos…
 
Cierro los ojos.
Abrir uno, cerrar el otro,
Tal y como se deshojan margaritas,
mientras la noche dura…
 
Cierro los ojos.
Los párpados deberían cerrarse y abrirse a toda velocidad
para que las pestañas vuelen como el colibrí.
 
Cierro los ojos.
Que los párpados se agiten por la noche,
a velocidad de ventilador
para ahuyentar a los mosquitos…
 
Cierro los ojos.
Mis párpados te siguen,
cuentan tus pasos,
los reproducen en silencio,
cuando nadie los mira.

Gozo de palabras

Fecha: 15 de febrero de 2019 Categoría: Eso que brota Comentarios: 0

Tumbarse,
tumbar a alguien, que el fin es lo de menos.
Sí, hay tumbos bélicos y gozosos.
Mientras tanto dar de tumbos,
Retumbar, pues.

Tapar(se), destapar(se), volverse a tapar.
¡Tápate un poco, que andas enseñando mucho!
¡Tápate que hace frío!
Taparse que la piel escuece, sea por frío o por deseo.
¡Tápate conmigo! (así lo dijo Mauricio Garcés)
O bien: ¡deja que otros se tapen contigo…!
O también: ¡deja que ellas se tapen con lo que queda de mí!

Trepar,
treparse a sí mismo sin tropezarse con lo que fue,
lo que pudo ser,
lo que será…
Treparte sin perderme por tus profundos abismos.
Trepar mientras trepida lo trepado.

Tronar,
Eres trueno mientras lo digo.
Que el mundo truene…
Trueno truenos contigo.
Tronemos (que todo cuero es tronante)
¡Tronamos! (así se dice cuando nos vamos o nos quedamos)
Tronando te digo.

Afuera espera el foro.
¡Fuera todos!
Primero a calcular el aforo.
¡No huyan, desaforados!
Quienes salgan del foro perderán el fuero.

Fregar.
Dejar de fregar en la refriega.
Ráfaga fregada.
Fregar o no fregar, pecado de anticipación.
Friegas y friegas, mientras fregamos…
No friegues, deja que todo se pierda en la refriega.

Tiñe Toña su pelo…
Afuera resuena el tañido
(Las campanas me recuerdan que bajo el paliacate puedes encontrar tiña)
Como sea: me siento desteñido.

Tocando la guitarra con el mal

Fecha: 2 de febrero de 2019 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0

Ayer terminé de ver la segunda temporada de la serie Aquarius, en Netflix, que por cierto será la última, quedando la historia inconclusa. Es una sobria pero eficaz recreación de la época de la confusión, esos años locos de las drogas (la marihuana de siempre, pero también el LSD, los hongos y otras barbaridades), las comunas hippies y los movimientos contraculturales, las doctrinas new age, la violencia política, la primera gran etapa del terrorismo, la guerra de Vietnam, los asesinatos políticos y los magnicidios. En fin, una época tan interesante como aterradora.

Fue también la época de uno de los asesinos seriales más siniestros de la historia: Charles Manson. Este personaje en realidad es muchos en uno, todos alucinantes: delincuente juvenil en sus inicios, presidiario casi siempre, líder carismático, sacerdote de su propio culto, gurú de almas extraviadas, músico y compositor aficionado, psicópata con una aguda tendencia a la violencia y, por supuesto, un asesino. Solía reunir a jóvenes de ambos sexos a su alrededor, en comunas donde el amor libre, el delito, la depredación, el consumo de drogas y un extraño adoctrinamiento eran el modo de vida. Una de éstas camadas de adictos a su liderazgo recibió el nombre, tristemente célebre, de “La Familia Manson”. Su capacidad de influencia en los demás era notable, como resultado de su talento natural y de una demencia contagiosa. Fue el autor intelectual de una serie de crímenes bastante notables en la época, como el asesinato de la hermosa Sharon Tate, esposa del cineasta Roman Polansky, en el último mes de su embarazo.

La serie en cuestión explora la evolución de este tétrico personaje y los afanes de un policía ficticio, pero prototípico de su momento, Sam Hodiak (interpretado por David Duchovny). Los caminos de ambos personajes se encuentran durante la serie. Incluso, en uno de sus capítulos, Manson (interpretado por Gethin Anthony), inspira al policía, también aficionado a la música, a tocar juntos algunas baladas en su departamento. La escena es tan alucinante como la época. Imaginemos a un hombre normal, tocando una canción a dúo con uno de los asesinos seriales más inquietantes de la historia. Frente a frente con el mal, a solas, tocando una canción. Algo que no parece una experiencia digna de ser vivida.

Lo peor es que no todo es ficción. Hubo algunos que vivieron esa experiencia. Por ejemplo, el músico Dennis Wilson, fundador de la famosa banda The Beach Boys, fue durante algún tiempo el productor y mecenas de Charles Manson e incluso le ayudó a componer y grabar algunos temas. El impacto de esa presencia en su vida, tan surcada por los abismos, debió ser decisiva para su dramático desenlace, pues después de los crímenes de la Familia Manson (a los que fue ajeno), Dennis Wilson llevó una vida terrible, casi nómada, atrapado en la dependencia del alcohol y las drogas, hasta que murió ahogado en las playas de Marina del Rey, en Los Ángeles.

El mal lo había tocado y no logró deshacerse de la pesadilla. Debemos tener la sabiduría para evitar mirar tanto tiempo el abismo, pues (lo dijo Nietzsche), el abismo también nos mira a nosotros.