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Mis palabras

Fecha: 7 de enero de 2019 Categoría: Eso que brota Comentarios: 0

Mis palabras deben ser dichas.
Sin la voz son garabatos
Mis palabras sólo existen en voz alta.
En voz queda se olvidan.

Palabras que se inventaron
y se extraviaron en los archivos,
aguardando opacas,
diciéndose solas,
expresándose y repitiéndose,
rebotando en los anaqueles
aguardando los sonidos de mi vida.

Otras (que logro decirme) saben a viejo.
Apenas se dicen escaldan la lengua
y deben masticarse lento,
se dijeron tanto antes de mis tiempos
espolvoreadas con cartón y olvido,
que se quedan pegadas,
charamusca entre las muelas,
caries de color cobrizo
herrumbre en las encías.

No todas ―digo―
las hay amargas,
como los días perdidos,
cuando deambulaba sin hacer,
hablando por hablar,
diciendo que aprendía
y sólo postergaba,
diciendo que hacía
mientras pasaba.

Algunas palabras se apachurran,
achatándose a mis súplicas,
otras se vuelven altivas
como gato mirándome.

Las hay que sisean como víboras,
se arrastran ―digo otra vez―
pero no huyen,
se acurrucan bajo la mesa
aguardando mis talones.

Otras se muelen
y después de molidas se amasan
(con un poco de agua perfumada,
para el disimulo)
mientras alguien las extiende
sobre el comal de la página,
o se dejan mecer entre mis dedos,
como si fueran aquel niño mágico:
¿Pulgarcito se llamaba?

Brotan de muy abajo,
de un pozo profundo,
donde nadie arroja monedas
porque no cumple deseos.

Un día pedí uno
(un deseo, digo)
pero rebotó tanto
que al llegar arriba ya no era deseo,
sino sueño,
un vago recuerdo de lo que fue
como el rostro que amé una vez
antes de perderse en su propia historia.

Labios prensiles

Fecha: 11 de diciembre de 2018 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0
Le recordé a mi amigo, en plena ebullición de la charla, una frase bastante conocida de Bukowski: «encuentra lo que amas y deja que te mate». Para mí es una frase con razón. A veces deambulamos sin sentido, como animales salvajes tras la cadena correcta. Cuando la encontramos nos dejamos maniatar hasta quedar exangües y sin voluntad. Después comenzamos a morir. Pero a veces tenemos suerte y la cadena se debilita, pierde resistencia y se desmorona. Entonces volvemos a la libertad, aunque un poco de nuestra carne se perdió en aquellos lances. No importa. Peores cosas se pierden entre los matorrales de la vida. Una día atravesaba unos y descubrí mi carne hecha jirones. «Ya me crecerá más piel», me dije. Era cierto. Me quedan algunas cicatrices, pero la piel volvió a cubrir las rendijas. Es una piel poco atractiva, rosácea y mal trazada, pero es piel y eso cuenta. Platicaba de esto con mi amigo cuando me interrumpió para decirme que la metáfora del animal salvaje le parecía desagradable. Como quería impresionarlo con mi bamboleo verbal, intenté la misma idea con otro enfoque. Le dije, entonces, que en realidad somos unos monos tras la rama propicia. La idea pareció más de su gusto, según me dijo, pues a final de cuentas somos primates y no hace muchos nos columpiamos con deleite por los árboles. Entonces seguí: nos la pasamos buscando esa rama a la cual agarrarnos para sentirnos con cierto propósito y cuando la encontramos nos solazamos en ella, aunque sea una rama ingrata, pues no todas las ramas valen la pena. En efecto, algunas ramas son quebradizas y nos abandonan en el vacío. Otras son rugosas y afiladas, por lo que sostenerse allí implica un sacrificio. Otras más parecen idóneas para nuestro agarre, pero son tramposas, pues nos brindan una sensación de comodidad que puede anclarnos allí, hasta hacernos olvidar la exploración de otros árboles, quizás más cómodos y seguros. En fin. La plática se desvío y siguió por los vericuetos de la prensilidad, es decir, la adaptación de órganos o apéndices para agarrar o sujetar. Mi amigo me dijo que no sólo son prensiles las manos, los pies y las colas en la naturaleza, sino también los labios. Eso no lo sabía. Me aclaró que eso ocurre entre los caballos, los orangutanes y los rinocerontes. «Labios prensiles», pensé. Fascinante. Entonces recordé unos labios que me aprehendieron una vez. Unos labios dúctiles que parecían aferrarse a mi ánimo y dejarme untado en ellos. Debe ser cierto. Entonces me desentendí de la plática y me quedé recordando esos labios tan parecidos a las cadenas o las ramas, hasta que se me olvidó todo lo que estaba diciendo.

Ser o no ser

Fecha: 10 de diciembre de 2018 Categoría: Eso que brota Comentarios: 0

Vivir es ser.

Morir es no ser.

Queda claro.

Pero entonces…

¿Dónde quedamos los que no sabemos quiénes somos?

¿Los que estamos sin estar?

¿Los que habitamos por allí sin vivir en realidad?

Círculo Vicioso

Fecha: 10 de diciembre de 2018 Categoría: Eso que brota Comentarios: 0

Noche es,
pronto amanecerá,
aún no logro dormir, 
sin dormir no podré soñar
y será imposible recordar.

Cada noche

Fecha: 10 de diciembre de 2018 Categoría: Eso que brota Comentarios: 0

Cada noche posee su encomienda, ‬
deseo,
insania
y desenfreno.‬
‪Cada noche tiene un poco de esto
y otro de aquello,‬
‪nada de lo deseado
y mucho de lo evitado,‬
‪un toque del “quiero”
y otro del “no puedo”, ‬
‪Un tanto así, de a poco,
y mucho más de apenas algo.
Todo en revuelo.
Todo en desespero.