Vivir es ser.
Morir es no ser.
Queda claro.
Pero entonces…
¿Dónde quedamos los que no sabemos quiénes somos?
¿Los que estamos sin estar?
¿Los que habitamos por allí sin vivir en realidad?
Vivir es ser.
Morir es no ser.
Queda claro.
Pero entonces…
¿Dónde quedamos los que no sabemos quiénes somos?
¿Los que estamos sin estar?
¿Los que habitamos por allí sin vivir en realidad?
Noche es,
pronto amanecerá,
aún no logro dormir,
sin dormir no podré soñar
y será imposible recordar.
Cada noche posee su encomienda,
deseo,
insania
y desenfreno.
Cada noche tiene un poco de esto
y otro de aquello,
nada de lo deseado
y mucho de lo evitado,
un toque del “quiero”
y otro del “no puedo”,
Un tanto así, de a poco,
y mucho más de apenas algo.
Todo en revuelo.
Todo en desespero.
Yo pienso, yo digo, yo hago.
Pero alguien quiere que piense poco,
que no diga lo que pienso,
que no haga lo que digo.
Es mi propia voz la que me contradice,
es mi propia cabeza la que me confunde,
es mi propia lengua la que me desdice.
La voz de alarma resonó por las murallas:
“¡Vienen los bárbaros!»
Todos corrieron. Algunos a las puertas. Otros a peinarse y perfumarse.