Cuando se me ofrece un relato rectilíneo surge en mí la desconfianza. La vida es sinuosa. La relatamos de forma recta tan sólo para facilitar la comprensión de los demás.
Cuando se me ofrece un relato rectilíneo surge en mí la desconfianza. La vida es sinuosa. La relatamos de forma recta tan sólo para facilitar la comprensión de los demás.
A veces lo que se dice llega a un final que oscila entre lo melancólico, lo reflexivo o lo exultante. Las grandes obras parecen construidas para despertar esa emoción final. Pero al final también aparece la sospecha del engaño. Quizás el éxito artístico sea enmascarar tal engaño para no dejarlo que perdure en el ánimo del incauto.
Cuidado con mirar hacia el pasado con los criterios del presente. Es una advertencia muy conocida, pero tan fácil de olvidar.
Quedé de verme con alguien que no recuerdo. Olvidé también el lugar convenido. No es que importe mucho: ya no sé ni quién soy. Si alguien me reconoce ayúdeme a recordar si valgo la pena, al menos lo suficiente para ser recordado.
De vez en cuando llega alguien que propone resolver un problema que no existe. Me imagino que es una extraña técnica de abordaje, recomendada por algún gurú de las ventas, pero no resulta muy efectiva.