Decir «mamá» es retornar al primer alimento que recibimos en el mundo y recobrar el balbuceo con el que quisimos comprenderlo.
Decir «mamá» es retornar al primer alimento que recibimos en el mundo y recobrar el balbuceo con el que quisimos comprenderlo.
Lo inusual se vuelve costumbre a la vuelta de los años. Lo absurdo, por su parte, pasa por ser lo cotidiano y lo inadmisible se torna aceptable. En fin, todo bien. Lo único peligroso es que aquello que fue torpe parece volverse, a fuerza de repeticiones, inteligente y válido.
Uno de los problemas de la noche es que a veces no sabe uno qué hacer con ella.
Al descender de una cuesta debe elegirse bien el sendero. Es difícil un bajar seguro, mucho más que un subir intempestivo.