Ella comete un hurto: el de sí misma
(lo dijo Justiniano en su Digesto)
Elude los afanes,
escapa del alcance,
desenreda el cuidadoso tejido que la envuelve.
No es libertad lo que busca:
es impedirme.
Ella es ladrona que se roba de mi.
¿Cómo olvidar lo soñado?
Y mientras tanto aquí, donde acaba el oleaje, apelmazando mi arenoso corazón antes que se desmorone y se lo lleve la marea.
Disfrutar la luminosidad de la noche antes que llegue la oscuridad del amanecer.