Apuntes de la categoría: Eso que brota

Ayer que llovió

Fecha: 18 de junio de 2018 Categoría: Eso que brota Comentarios: 0

Ayer que llovió me volví líquido, me escurrí por la porosa tierra y me erguí otra vez, envuelto en vapor ardiente.

Ayer que llovió cambié un poco de rutina: antes me empapaba de mí, autosuficiente, con el agua que hace de la piel su yacimiento.

Ayer que llovió jugué a estar hecho de lo que cae y no de lo que brota, precipitación y no manantial, caída sin ascenso.

Ayer, desde que quiso llover, corrí a encontrarme con el agua antes que el cielo se arrepintiera, pues mientras unos buscan techo yo quiero coladera.

Ayer que llovió miré al cielo y abrí la boca, pues quiero mojarme por dentro para que reverdezca el alma.

Ayer que llovió me di cuenta, entre otras cosas, que la lluvia se queda, que no fluye, que aguarda… Que soy yo el que se dilapida y se precipita sin tregua.

Ayer que llovió vi la lluvia desganada y para ayudarla me puse a llorar hasta que el agua que corría se volvió salada.

Esta tarde vi llover, vi gente correr… Entre ellas vi a una, la más ingrata, así que me cubrí de inmediato para que no me reconociera.

Mejor dejar correr lo que no se puede beber, que al cabo, quiera Dios, volverá a llover mañana.

Algunas son islas…

Fecha: 18 de abril de 2018 Categoría: Eso que brota Comentarios: 0

Algunas son islas, viven en sí y uno se vuelve endémico deambulando sobre ellas (vida dichosa, si se tiene alma de Robinson), pero cuidado: con facilidad se dispersan y se vuelven archipiélagos… O quizás ya lo eran y sólo nos mostraban una isla entre tantas de su racimo marino, la más fértil y florida por supuesto. Entonces se llega a dilapidar la vida explorando cada porción de tierra, cada prominencia, cada banco (allí se encalla, no se llega) y cada ensenada caprichosa entre los islotes y los trazos de sus costas.

 
No ocurre con todas, claro, también algunas son cayos que se recorren en breve, sin desafíos ni sorpresas: siempre las mismas aves, siempre los únicos paisajes, siempre ese mar azotando la única playa. Los cayos sosiegan, debe admitirse, pero aburren al náufrago allí arrojado (todos vivimos arrojados por aquí, lo dijo Heidegger y no puedo contradecirlo).
 
Otras, en cambio, ostentan líneas costeras erizadas de arrecifes y alguno que otro acantilado. En tales bríos se va la vida en continuo batallar evitando los naufragios. Apasionantes, sí, pero agotan con los años. Sólo acierta el que huye a tiempo, antes de perder en añicos sus endebles maderos y abatir sus mástiles. Sé de algunos, se los juro, que siguen años braceando por allí, casi exangües, mientras el dibujo cruel de lo escarpado arranca jirones de su carne.
 
Existen también las islas engañosas: se muestran apacibles mientras conducen al incauto a escollos donde se agotan, varados, los mejores navíos.
 
Y no debo olvidar a otras, las del peligroso estrecho, entre acantilados y remolinos. Esas insensatas que parecen sentirse cómodas entre los monstruos (como Escila y Caribdis). Navegar en ellas es deambular por un pasaje húmedo, siempre al borde del fracaso. Eso también fatiga, queridos hermanos.
 
Pero hay algunas más, como aquéllas que se asemejan a bahías, incluso ensenadas (son mis preferidas) Ellas mantienen abiertas las rutas, resguardando un cómodo líquido que es casi estero y apartando al santuario de olas bravas.
 
Es cierto, las mareas dóciles también poseen su peligrosa fauna, pero es tan placentero nadar entre esas mansas aguas.
 
Nada más cuidar no adentrarse mucho, que es muy fácil seguir nadando sin darnos cuenta que abajo ya no es posible pisar y descansar los brazos. Sólo queda el abismo que nos mira.

Yesca

Fecha: 28 de febrero de 2018 Categoría: Eso que brota Comentarios: 0

Ella es yesca,
enciende sin querer,
inflama al paso,
dejando sonrosadas las pupilas
entre las ganas y las prisas…

Incendia sin darse cuenta,
con su mirada que es leña

(incluso pedernal)
a la vez cauta y -como la flama- coqueta
evitando en sí el fuego que la quema

Podría arder con ella
encarnarme en esa llama

pero con mi aliento se aleja…

Quizás intuye su poder
su íntima llamarada
el poder de yesca,
de fósforo en el alma

Y sin embargo le ruego…
Pues es mejor arder

mirándola

quizás frotándola

que consumirse en la nada

Sonidos que son polen

Fecha: 28 de febrero de 2018 Categoría: Eso que brota Comentarios: 0

Se arruinaron las voces entre el griterío,
se dejaron perder los sonidos en un tumulto fanfarrón
otros se volvieron eco,
y todo eco es añoranza,
deterioro
persistencia/insistencia del ruido que muere
dejándose escuchar si ya no existe.

Definición:
El eco es una trampa inventada
por la muerte del sonido,
confundiendo a los incautos
que le escuchan resonar en las barrancas.

“Pero deja en paz al eco y sigue”
me dice la voz del tirano
que se esconde en mis orejas…

Pero no puedo,
definir es aprehender
comprender lo que se dice,
darle orden a la discordancia vocinglera.

Definición:
Resonar es volver a sonar
prolongar el sonido
de la voz o la escopeta,
el grito del niño o la furia de cazador
o quizás el llanto del venado atribulado…

“Pero deja en paz al resonar y sigue”
me dice la voz del déspota
que se esconde en mis orejas
y que ya casi es un aullido…

Sigo entonces:

Hay voces que laten atrapadas en el cráneo
recorriendo raudas los arroyos grises
donde moran los recuerdos
y unas más se dilapidan
reverberan en un instante
y al siguiente se disipan
o quedan allí,
inaudibles,
aunque quizás las escuchen los insectos

(No sería extraño,
existen colores que sólo ellos perciben
y las flores aprovechan para difundir su germen)

¿Por qué no habría sonidos
entonces sólo audibles para odonatos,
ortópteros, lepidópteros,
dípteros, dictióteros y sifonápteros…
la insecta sin fin de los paisajes perdidos
que las voces utilizan
para dispersarse como el polen?

Sonidos que quedan allí,
alegrando las tertulias de los invertebrados
hasta que de tanto escucharse los confunden.
Es cuando enloquecen
y tratan de cantarlos/repetirlos…

Un viejo campesino que se parecía a mi abuelo
indio, casi como él,
me dijo que los grillos cantan
lo que escuchan de nosotros
y que ya olvidamos por tanto que decimos…

¿Pero entonces lo que decimos no se pierde?
¿Tendrán razón los alucinados
que buscan en las grietas cananeas
polvorientas y salvajes
las palabras del Maestro?

Yo digo (no lo dice la voz terrible)
¿para qué buscar lo que se dijo
para ser apenas escuchado
por unos cuantos
y de esa forma repetido
por tantos?

Sigo:

A mis pies llega una hormiga
un himenóptero,
diré frente a ella en voz alta mis palabras
para que las escuche y las repita
mientras pueda…

Pero no da signos de escuchar,
quizás mi polen no estimula sus antenas

Quizás mis voces lleguen a perderse
en la espesura/marasmo de sonidos
repercusiones inaudibles
que hacen enloquecer a otras orejas.

Sonido que no es polen,
apenas polvo
que no suena…

Mitad siniestra

Fecha: 25 de febrero de 2018 Categoría: Eso que brota Comentarios: 0

¿Tendríamos nosotros una mitad siniestra si la luna, por otro orden de su rotación, nos mostrara su otra mitad, su lado oscuro?

¿Acaso la imitamos, la seguimos, la duplicamos en nuestra feroz inconsciencia y nos guardamos algo en la franja sin luz para ser como ella?