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¿Socráticos?

Fecha: 25 de abril de 2016 Categoría: La inspiración clásica Comentarios: 0

Pretender saberlo todo es de necios y desmesurados. Resignarse a ignorarlo todo parece ser cosa de sabios, pues se supone que tal era la postura socrática, lo que es erróneo. En realidad era una trampa de aquel preguntón para destruir las certezas falsas de los otros. Así que presumir ignorancia no es signo de sabiduría, sino de flojera y abandono. Lo mejor es ignorar aprendiendo. Con modestia, pues, pero también con ambición de saber.

Maniatar

Fecha: 25 de abril de 2016 Categoría: Agudezas Comentarios: 0

Puedo controlar mis emociones, sujetarlas, amordazarlas, contenerlas, a veces hasta esconderlas y, en casos extremos, disfrazarlas. Pero no puedo evitarlas. Las siento, las vivo, las sudo y luego decido qué hacer con ellas.

Certezas

Fecha: 25 de abril de 2016 Categoría: Agudezas Comentarios: 0

Ayer quise ver algo, pero pasó tan rápido que no logré verlo. Por comodidad me dije que no existe. Si quiere existir que pase despacio para verlo.

Dilema plástico

Fecha: 25 de abril de 2016 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0

Fui con el cirujano plástico. Me preguntó lo que quería cambiar de mi. Le dije que para comenzar mi rostro duro y las orejas largas que me heredó mi bisabuelo, el duende (esa historia ya la conté una vez). También el color de mis ojos (quisiera tenerlos verdes, como mi madre), mis cachetes, mis párpados papujados, dos tercios de mi cuerpo, dos dedos de cada pie, un talón y unas profundas arrugas que trazan mi asombrada frente. También una cicatriz al lado de mi ceja derecha (fue cuando caí de bruces en el Jardín Libertad, andando en mi triciclo). Otro par de cicatrices de un mal pleito con un experto en la navaja (al otro le fue peor, luego les cuento). No olvidé mi calvicie y propuse también, de ser ello posible, reducir un poco las medidas de mi cabeza prominente (es un poco incómodo no encontrar sombreros de mi talla). Me dijo que era viable. Me dio una cita para mi próxima reencarnación. Me siento emocionado.

De la Fortuna, mientras sé que murió Prince

Fecha: 21 de abril de 2016 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0

El éxito (el gran éxito, el éxito con mayúsculas) es un fenómeno extraño. No tiene nada que ver con el talento. Exige algo más, quizás el amor de una bella deidad pagana llamada Fortuna. Pero la Fortuna toma muchas formas: existe una Fortuna que ama de forma desmedida, como aman las amantes, consumiendo al «afortunado» y existe una Fortuna que ama con medida, cautelosa, con largos plazos. Bob Kane, el creador de Batman, decía que sostenía un romance apasionado con la Fortuna desde que fue joven. Le creo. Su vida fue un continuo disfrutar del éxito, en contraste con los desafortunados creadores de Superman, por ejemplo. El antropólogo Dùmezill hablaba de otra Fortuna, identificada con la deidad romana Mater Matuta (madre del amanecer), que ama como lo hacen las madres, cuidando que al hijo le vaya bien, pero no demasiado bien, para que tenga una vida larga y feliz y no una existencia llena de vértigo y peligro. En fin, lo cierto es que algunas personas, mujeres u hombres, son afortunadas y otras no tanto. Algunos o algunas, con un mínimo esfuerzo, alcanzan altas dignidades y bellas oportunidades, y otras, a pesar de los empeños y los años, no logran ni siquiera un humilde reconocimiento. La Fortuna existe. Lo reconoció el mismo Maquiavelo, que no era muy dado a lo esotérico y tenía una mente fina y calculadora. Quien lo dude que sea bajo su propio riesgo. Recordé a Fortuna cuando vi la nota de la muerte del artista Prince. Un hombre talentoso, innovador e incluso genial. Tocaba varios instrumentos, tenía una gran proyección escénica, una potente voz y bailaba de forma extraordinaria. Quien lo dude que revise en You Tube algunos de sus conciertos y videoclips. Alcanzó un éxito aceptable, incluso envidiable, pero no logró imponerse frente a la fascinación que despertó un hijo típico de la gran Fortuna: Michael Jackson. Por supuesto, no se le puede negar a Jackson su extraordinario talento, pero ese talento también lo tenía Prince. ¿Cuál fue la diferencia entre ambos? Para mi es un ejemplo clásico de la distribución desigual de la Fortuna entre los seres humanos. Aún considerando a Prince un hombre afortunado en muchos sentidos, Michael era un consentido de la Fortuna. Quizás por eso en todo el mundo, sin importar fronteras, idiomas o clases sociales, se seguirá recordando a Michael y sólo un público conocedor honrará la memoria de Prince. La Fortuna hizo que Prince, el talentoso, naciera en la misma era de Michael Jackson, su consentido. Nada puede hacerse al respecto. Es un asunto de las diosas.