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Por si acaso el ocaso

Fecha: 22 de agosto de 2021 Categoría: Eso que brota Comentarios: 0

Tengo libreta lista para el caso

de que me acusen de algo que no amaso.

Pero en mis cuentas abunda el fracaso

y cerrar ciclos debo en el repaso.

 

Les puedo confesar un gran retraso,

algunos me dirán que me propaso:

con tanta voluntad poco rebaso

y en cosas del amor anduve escaso.

 

En mucho quise el vuelo, tal Pegaso

más debo confesar que fui payaso.

Por más que me apresuro me desfaso,

caigo, pierdo equilibrio, descompaso.

 

En suma, furor, más luego me atraso.

pero aprendí luego: ni hacer malpaso.

En eso de quimeras sí que arraso.

Aquí puro desnivel, nada al raso.

 

No se me dieron riquezas, cual Craso,

Mejor, quizás, mirar el cielorraso

aspirando al arribo del Parnaso

sin tener que aguantar el marcapaso.

 

Apresuro el trago, levanto el vaso

por ventura, que casi no trasvaso,

brindo por todo, nada, por si acaso

antes que me apresuren al ocaso.

Memoria

Fecha: 22 de agosto de 2021 Categoría: Eso que brota Comentarios: 0

Mi memoria es especial:

Conserva los signos de admiración y olvida los de interrogación.

Retiene las risas apagadas y pierde las carcajadas.

Disfruta lo efímero y se desentiende de lo perdurable.

Resalta las separaciones y borronea los encuentros.

Olvido

Fecha: 22 de agosto de 2021 Categoría: Agudezas Comentarios: 0

Quedé de verme con alguien que no recuerdo. Olvidé también el lugar convenido. No es que importe mucho: ya no sé ni quién soy. Si alguien me reconoce ayúdeme a recordar si valgo la pena, al menos lo suficiente para ser recordado.

Resolver

Fecha: 22 de agosto de 2021 Categoría: Agudezas Comentarios: 0

De vez en cuando llega alguien que propone resolver un problema que no existe. Me imagino que es una extraña técnica de abordaje, recomendada por algún gurú de las ventas, pero no resulta muy efectiva.

¿Bailan, riñen, se besan o aconsejan?

Fecha: 21 de agosto de 2021 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0
Los perritos de Colima, un reconocido emblema de la entidad, son llamados “perritos bailarines” por el ingenio popular. Algunos desestiman esa percepción colectiva y explican que en realidad no están bailando, sino que uno de ellos, el que parece más rugoso, es un perro viejo que vierte consejos de vida a la oreja del otro, supuestamente más joven. La verdad es que ambas versiones son sólo supuestos, pues desconocemos el significado profundo de tal expresión escultural prehispánica y lo único que podemos hacer al respecto son conjeturas, más o menos verosímiles. Quienes sostienen la versión de los perritos aconsejándose, aunque lo hagan con gran seguridad, no pueden acreditarla con un sustento sólido, pues como tal no existe. En efecto, no tenemos un códice que explique el propósito de esta curiosa actitud perruna y ni siquiera estamos seguros que esos perros sean de raza xoloizcuintle, como se supone, pues quizás sean otra especie ya desaparecida, más baja y regordeta, como los llamados “tlalchichis”. Lo cierto es que las expresiones perrunas son abundantes. Un paseo por el museo “María Ahumada de Gómez” (Casa de la Cultura de Colima) es ilustrativo: hay unos bellos perros siameses y otros, muy simpáticos, que poseen máscara, a veces bien puesta, a veces colocada a medias, como si estuvieran dejando ver su rostro de manera sorpresiva.
Una vez, mientras caminaba por el museo con el maestro Ernesto Terríquez Sámano, me contó una versión narrada por la propia coleccionista María Ahumada: quizás los perros expresan distintos momentos de la historia del pueblo que los recreaba con su cerámica. Siguiendo esa conjetura, se trata de un pueblo que nació de la unión de dos pueblos precedentes (muchos pueblos nacieron así en la historia, como es el caso de los romanos y por ello su profunda división interna entre patricios y plebeyos) que se mantuvieron unidos por mucho tiempo (los perros siameses), después riñeron en alguna especie de guerra civil (los perros que pelean, en lugar de bailar) y terminaron uniéndose de nuevo, quizás por obra de alguna presión externa y tuvieron que aceptarse haciendo uso de una máscara un tanto hipócrita (los perros enmascarados). La versión es también sólo eso, una versión, pero posee cierta verosimilitud y congruencia cuando se advierten esas formas que parecen repetitivas.
En fin, nadie puede dar una interpretación definitiva, así que lo mejor que podemos hacer es reconocerlo: no sabemos lo que estos perros significan, pero son bellísimos y son una expresión de la riqueza histórica, de la sensibilidad artística y de la pericia artesanal de los pueblos que habitaron esta parte del mundo que hoy llamamos Colima. Así sea.