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El beso

Fecha: 21 de agosto de 2021 Categoría: Casa de Empeños Comentarios: 0

Veo un documental en el canal 22 sobre Andrés Henestrosa. Alaba a la mujer del Istmo, su belleza, su forma de caminar. Mientras deambula por las calles de Oaxaca chulea a una bailarina ataviada con las galas de su danza y le pide un beso. Ella se acerca y se lo da. No puedo imaginar una imagen más clara del éxito, del gozo de la vida: un beso dado con gusto a un hombre que ya pasaba de los noventa y seguía alabando la belleza de las mujeres de su tierra. Bendito sea. Grata memoria para él.‬ Volveré a leer «Los hombres que dispersó la danza» o algunos de los sabrosos apuntes de su «Alacena de minucias» para rendirle homenaje el día de hoy, nada más por el gusto de recordarlo.

Casi genio

Fecha: 21 de agosto de 2021 Categoría: Agudezas Comentarios: 0

El genio, sin una circunstancia favorable y un oportuno estímulo, es sólo una mente extravagante y un corazón indeciso.

Formas

Fecha: 21 de agosto de 2021 Categoría: Agudezas Comentarios: 0
Morirá invicto el que nunca compitió.
Morirá inmaculado (según él) quien siempre tuvo mucha lengua para criticar pero muy pocos brazos y talento para hacer.
Morirá muy descansado quien nunca se esforzó por lograr algo.

Rio de piedras

Fecha: 21 de agosto de 2021 Categoría: Eso que brota Comentarios: 0

Este río es tímido,

corren o corroen por él susurros secos.

Es un río quebrado, no sinuoso.

Cicatriz, ruta sin torrente.

Un hilo y sólo en declive,

curso en deterioro como tantas vidas.

«A río revuelto», dicen,

pero éste calla.

Nadie llama a revuelta entre sus piedras.

Aniquilar o aceptar nuestra identidad

Fecha: 21 de agosto de 2021 Categoría: Atisbos Comentarios: 0
Resulta curioso que tantas disciplinas que podríamos llamar «espirituales» pugnen por la aniquilación del «yo», es decir, del ego. Así lo promueven movimientos o doctrinas tan apartadas como las enseñanzas de Baal Shem Tov (judaísmo jasídico), los apasionantes delirios de Carlos Castaneda, las enseñanzas gnósticas o incluso el pensamiento de filósofos como Pascal. Podríamos encontrar decenas de ejemplos adicionales,.
Tan obsesiva convicción lleva a muchos a interpretar que el camino al conocimiento verdadero sólo puede provenir de la negación de todo aquello que nos da identidad, con el fin de acceder a la «verdadera sabiduría». Desconfío de tales convicciones, pues muchas veces tienen origen en una profunda obsesión.
No niego que tales posturas tengan algo de razón, pues muchas veces el «yo», o mejor dicho, los muchos «yo» que moran en nuestra conciencia, se convierten en un estorbo para el aprendizaje y hasta para la más simple convivencia con los demás.
No olvidemos que el «Yo» puede ser resultado de malas experiencias, de conflictos, de tercas afirmaciones contra las resistencias de la vida cotidiana, a tal grado que ese «yo» se vuelve un lastre de la conciencia.
Pero el «yo» también es nuestra identidad: esa compleja construcción de la personalidad que brinda un instrumento de supervivencia. Es una respuesta de la psique frente a la multitud que parece negarnos. Es la afirmación que somos importantes, al menos para nosotros mismos y tal osadía puede sostener al ser para evitar su caída. .
Por ello, creo que en lugar de promover la destrucción de nuestra identidad sería mejor aceptarla, pues fue útil en nuestro recorrido. Una vez aceptada podríamos comenzar a perfeccionarla, apartando de ella los malos modos acumulados como sedimento, para acceder a lo mejor de nuestras potencialidades.
Después de todo, no por destruir lo que somos llegaremos forzosamente a ser mejores..
En efecto, quizás lo que somos no es tan malo: nos fue útil en ciertos momentos y, al menos por eso, merece cierto respeto.
Por eso, cuando leo o escucho opiniones en contra de mi «yo», de mi ego, siento una profunda desconfianza.
Que sean otros los que aniquilen su identidad y corran a encontrar lo que piensan que es la verdad, desposeídos de rostro.
Ya me platicarán cómo les fue, si es que acaso los reconozco.