Apuntes

Apuntes por categoría

16

Fecha: 16 de junio de 2010 Categoría: Miniwebstern Comentarios: 0

Aquel hombre llegó al pueblo con ganas de matar. Su pretexto era una mujer ajena. Vociferó un rato en la cantina, diciendo a todo el que escuchaba que tendría que matar a Casimiro. Algo inevitable, pues de otra forma la mujer de él no sería suya. Alguien la advirtió a Casimiro, que miró con fría indiferencia al mensajero y siguió trabajando en su carpintería. Como si nada. Otros llegaron y recibieron la misma apatía por respuesta. Más tarde el otro, envalentonado por los tragos y la espera, decidió llegar por su propio pie a la carpintería. Casimiro siguió haciendo ruido a martillazos, pero sin poner mucha fuerza en la faena. El otro gritó algo en la calle. Casimiro siguió en lo suyo, mientras un muchacho que le ayudaba lo miraba aterrorizado. El otro entró. Era el momento. Casimiro interrumpió la faena y puso mirada de sorpresa, quizás con un reflejo de temor en sus ojos acuosos. El otro volvió a gritar con la pistola a la vista, pero sin tocarla. Casimiro calculó rápido. Soltó el martillo, tomó su escopeta y la descargó en la panza del recién llegado que se derramó por el suelo.

Casimiro vivió algunas semanas de engorrosas aclaraciones, pero nadie volvió a molestarlo. Nunca.

15

Fecha: 16 de junio de 2010 Categoría: Miniwebstern Comentarios: 0

La corrieron del pueblo. Subió a la diligencia altiva, sin sombra de arrepentimiento. “Prostituta”, le gritaron, como escupiendo, algunas horrorosas e influyentes damas, ofendidas porque aquella se atrevió a vivir cerca de ellas. La otra partió. Me miró antes de cerrar la cortina. Una mirada suave, indefinida, quizás indiferente. De cualquier forma quise seguirla. Montar y corretearla hasta más allá de los límites del pueblo, donde pudiera detenerla y convencerla de quedarse conmigo, en otro lugar, en donde fuera, donde estuviéramos solos, donde solo para mí fueran su delicioso placer y sus blancas piernas. Yo trabajaría y ella me amaría. Quizás hasta podría gustarle ser de un solo hombre y dejar atrás todo… Quizás.

Pero no la seguí. Esperé un momento y después entré a la cantina por el primer trago de la tarde.

14

Fecha: 16 de junio de 2010 Categoría: Miniwebstern Comentarios: 0

Entré al Saloon. Las muchachas deseadas bailaban. Algunas, las menos aceptables, ofrecían su perfumada compañía. Otras esperaban por allí con aire ausente, como si no fueran putas, como si estuvieran allí por casualidad o por error, como si alguien debiera pagar mucho por eso. Las miradas de todas anticipaban lo que brindarían en la cama. La de ojos altaneros y despreciativos terminaría rápido y como haciendo el favor. La de ojos dispuestos querría mimarte para adormecerte y luego vaciaría tus bolsillos. La de ojos amargos te propondría algo para rehacer su vida sin esperar mucho, pero te atormentaría con la queja de todos sus infortunios. Yo buscaba a las de ojos inquietos. Ellas querrían amarte con ganas y dejarte pronto, porque son trabajadoras y apuran la noche. Ellas, las de ojos inquietos, soñarían convertirse en patronas mientras te exprimen y, de vez en vez, gemirían como si te gozaran.

13

Fecha: 16 de junio de 2010 Categoría: Miniwebstern Comentarios: 0

El sheriff aquel, tanto como todos. Ni tan honesto ni tan villano. Un hombre sólido que sabe disparar, pero también sobrevivir, lo que implica no abrir mucho los ojos y dejar que las cosas pasen hasta el momento justo donde se debe intervenir. Un hombre con la sabiduría de la extrema dureza contra los delincuentes de poca monta −ésos que la sociedad abomina− y la cordialidad distante con aquéllos de mayor calibre, más peligrosos que los primeros, los que la sociedad tolera porque traen dinero en los bolsillos y lo comparten con la iglesia y las fiestas de la comunidad.

12

Fecha: 16 de junio de 2010 Categoría: Miniwebstern Comentarios: 0

Puedo entender a Doc. Un dentista de una ciudad del este. Un hombre que disimula su verdadera naturaleza… O la evita… O la contiene. Quizás un temperamento que se desahoga en los juegos de cartas, en las citas clandestinas, en los estallidos de furia, en el lento acariciar de la pistola cuando algo lo despierta entre la noche. De pronto la tragedia: la enfermedad adquirida en el trato cotidiano con otras bocas, una tos persistente que lastima los pulmones y la sentencia de lo incurable y progresivo. Y entonces la verdadera naturaleza se rebela. Emigra al oeste y se vuelve jugador sin temor a matar, porque ya perdió el interés por el lado sosegado de las cosas. Y de pronto descubre que tiene talento para la vida dura y decide vivir todo lo posible como le gusta, aceptando su propio destino.