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Fecha: 14 de junio de 2010 Categoría: Miniwebstern Comentarios: 0

Escucho jinetes en la tormenta. Mi soledad de estudiante. La vida atrás de la ventana. Sueño con una de vaqueros y recuerdo al viejo pistolero que nació un siglo después. El mismo que anhelaba el combate y vivió en un lugar lleno de paz. El que tenía la pistola a la mano hasta en los momentos del baño matutino. Sigo escuchando. Los jinetes siguen en la tormenta. Regreso a mi libro.

7

Fecha: 14 de junio de 2010 Categoría: Miniwebstern Comentarios: 0

Me retaron. Dispararon alegremente contra un blanco lejano: botellas vacías sobre unas piedras. Algunos eran buenos, otros bebían demasiado para demostrarlo. Los vaqueros me molestaron. Dijeron que yo era rápido para montar y lento para disparar. Los dejé. Quedó una botella. Me atreví a dispararle. Todos aguardaron entre risas. Saqué la pistola y jalé dos veces el gatillo. Aquella botella lejana estalló con escándalo. Todos callaron. Tuve suerte, claro. Jamás volví a disparar entre ellos por temor a fallar.

6

Fecha: 14 de junio de 2010 Categoría: Miniwebstern Comentarios: 0

Quise alejarlo de las armas. Le enseñé a trabajar la tierra, a cuidar al ganado, a protegerse sólo en razón de lo necesario. Todo fue inútil. Desde pequeño le gustaron las armas. Se deleitaba en ellas y tenía una puntería prodigiosa. Su mirada era orgullosa y mataba con indiferencia ardillas, coyotes, pájaros, lo que fuera. Una vez, mientras dormía, lo miré con cuidado. Aquel mechón oscuro cayendo en su frente y sus pequeños dedos acariciando un gatillo entre los sueños. Esa noche supe que criaba un pistolero.

5

Fecha: 14 de junio de 2010 Categoría: Miniwebstern Comentarios: 0

Quedaba un poco de luz y logré verlos a lo lejos. Jinetes al atardecer. Sombras cabalgando. No distinguía sus rostros, pero era fácil suponer sus intenciones: los que cabalgan hacia mí quieren muerte. Preparé mi rifle y apagué las luces. Sólo quedaba esperar si aquella muerte sería la mía, la de ellos o la de otros. Por el galope pausado y las ganas de ser vistos, intuí que aquellos querían la de otros, pero eso no se sabe hasta que las sombras llegan y hablan.

4

Fecha: 14 de junio de 2010 Categoría: Miniwebstern Comentarios: 0

Tenía su gracia antes de disparar. Era la señal para iniciar la matanza. Agarraba su sombrero y lo giraba lentamente sin desprenderlo de su cabeza. Pero era gracia, no vicio. En una ocasión su adversario, un hombre calculador, quiso sorprenderlo en el momento justo en que lo vio llevándose las manos al sombrero. Calculó mal. El pistolero desenfundó antes y lo acribilló. Todos supimos que cuando se hacía necesario podía prescindir de cualquier señal.