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Narrativas del éxito y el fracaso

Fecha: 10 de agosto de 2019 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0
Un bello libro de John Le Carré, el famoso escritor de novelas de espionaje: “Volar en círculos” (Planeta, 2016). Allí revela algunos episodios de su carrera literaria y de sus experiencias en el servicio secreto inglés, pasando por las oficinas del MI5 y del MI6 (la última una oficina muy famosa, pues es la sede del famoso James Bond, extravagante personaje de otro gran escritor: Ian Fleming).
 
Pero los personajes de Le Carré no son extravagantes ni seductores como los de Fleming, son más humanos y cercanos al burócrata común. El más famoso es George Smiley, “un viejo espía con prisas”, como lo describe su propio autor. Es también un personaje taciturno, monótono, pasado de peso, mal vestido (todo lo que un inglés de su generación puede serlo), sin atractivo para las mujeres, casado con una mujer que lo traiciona, pero también es un espía eficiente, un conocedor de las debilidades (propias y ajenas) y muy capaz para desembrollar las más complejas intrigas y llegar a la verdad. Un personaje fascinante por sus contradicciones y pesares.
 
En ese libro de confesiones, Le Carré evoca sus encuentros con espías reales, con funcionarios aprehensivos de las oficinas de inteligencia y con las oscuras tipologías humanas que rondan por esos ambientes. También pasa lista de algunos famosos traidores o espías dobles, ésos que dejaron su marca histórica por la extraña habilidad de servir no sólo a dos amos, sino a dos ideologías antagónicas (George Blake y Kim Philby, son los ejemplos destacados), sin olvidar a los actores que encarnaron al propio Smiley (como Alec Guinness y Gary Oldman) y diversos escritores del mismo género (antepasados del propio Le Carré) como Somerset Maugham, Compton Mackenzie (más memorista que novelista) y el famoso Graham Greene.
 
Pero lo más fascinante del libro son las pequeñas cosas que se descubren por allí, como soltadas al descuido. Una de ellas me llamó la atención: se trata de una acusación airada que un ex jefe del servicio secreto le arroja a Le Carré en un brindis: “el Servicio no puede replicar, está indefenso ante la mala propaganda, no es posible alabar sus éxitos y sólo se dan a conocer sus fracasos”. Cierto. Es mucho más rentable hablar de lo malo y no de lo bueno, sobre todo en términos literarios. Los aciertos y los éxitos pueden ser reales, pero es más emocionante asomarse a lo sórdido, a las contradicciones, a los pequeños o grandes desastres, pues a final de cuentas toda novela de espionaje está fundada en una emoción primordial: allí nadie gana por completo.
 
En eso el espionaje no se diferencia de la vida.

A medias

Fecha: 8 de agosto de 2019 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0

Me dijeron de niño: «termina lo que inicias». Con los años me di cuenta que es una sentencia de doble filo: se fomenta la constancia, quizás, pero también se induce a perder el tiempo en empeños sin valía.

Es mejor rectificar y dejar de hacer aquello que no funciona.

Así como hay libros que no vale la pena leer completos, hay cosas que es preferible dejar a medias.

Me gustas cuando callas

Fecha: 6 de agosto de 2019 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0
Algunos poemas o, mejor dicho, líneas de poesía, se inscriben en el subconsciente colectivo (si es que tal cosa existe) y se vuelven una referencia cotidiana. Creo que todos, más allá del nivel cultural o gusto literario que podamos acreditar, completaríamos sin esfuerzo la línea que inicia así: «Me gustas cuando callas… » Claro, casi podríamos repetir en coro: “porque estás como ausente». Es la línea, quizás, más famosa de Pablo Neruda, aunque el poeta escribió mucho más.
 
Tal afinidad colectiva es un fenómeno extraño y quizás tenga relación con el poder que adquiere la poesía en algunos afortunados momentos. Simplemente ocurre así: algunas líneas sobreviven y otras se olvidan, más allá de su calidad. Era algo que le preocupaba a Octavio Paz en sus últimos días. Recuerdo (lo leí por allí) que solía preguntar: «¿Será recordada alguna línea de mis poemas?”
 
El Poema 15 de Neruda, de donde proviene la línea comentada, es en realidad poco leído en su forma completa (otro misterio). Es un poema bello, pero complejo: el poeta parece desear a la amada, pero a la vez la quiere lejos, en ese amor/odio que parece concentrar al verdadero amor desde la antigüedad hasta nuestros días. Quien lo dude puede volver a Catulo, que lo dijo de forma admirable: «Odio y amo. Por qué lo haga me preguntas, tal vez. No sé (pero siento cómo se hace y me torturo).»
 
Volviendo al Poema 15 de Neruda, en algún momento ese silencio y esa ausencia le parecen al poeta como si la amada hubiera muerto, para después alegrarse de que eso no sea cierto. En fin, complejidad.
 
Con el debido perdón a Neruda y al gusto colectivo, a mi me parece más grato lo que escribió mi maestro José Muñoz Cota, en una de las muchas cartas dirigidas a su compañera de vida, Alicia Pérez Salazar. Lo transcribo aquí (gracias a mi condiscípulo, Everardo García, el Quijote de Nezaret):
 
“Me gusta escucharte porque te siento presente. No estoy de acuerdo con Neruda cuando dice: ‘Me gustas cuando callas, porque estás como ausente’. Y no. Son líneas poco amables. Reitero: a mi me encanta ―de encantamiento― oír tus pasos, el sonido de tus voces, porque imagino que respiras un aire mágico y la magia es eterna metamorfosis de la realidad. Como si la realidad se desdoblara en dos gajos, hasta poner al desnudo el misterio de la otra realidad que se nos oculta”.
 
Resumiendo: con toda la grandeza de Neruda, aquí me quedo con mi maestro.

Fanatismo y esclavitud

Fecha: 5 de agosto de 2019 Categoría: La inspiración clásica Comentarios: 0

Schiller dijo que el entusiasmo de cualquier tipo, sea religioso, político, literario o idealista, incluso el entusiasmo por los más altos valores del ser, como la libertad, se convierte con facilidad en fanatismo ciego cuando la razón queda despojada de poder. Es posible advertir cuando ocurre tal pérdida de poder de la razón: es cuando el impulso vital, la pasión, actúa hacia fuera y no hacia adentro. Es el caso de los grandes revolucionarios, (en apariencia), que intentan cambiarlo todo menos sus propios hábitos mentales, sus propias obsesiones, sus propios delirios. Así, emprenden lances contra los molinos de viento que miran al pasar pero no se atreven a tocar lo que bulle en su propio espíritu. Es como intentar cambiar la forma sin llegar a la sustancia, a lo profundo. Por eso, para Schiller, el fanático de cualquier pasión (insistamos: incluso de la mayor pasión de todas, llámese justicia, libertad, democracia o lo que sea), es un ser aprisionado en su interior. Por eso ataca con furia lo que considera incorrecto o adverso a su propia idea, partido, credo, opinión o fe. Lo antagónico le enfurece, porque dejó que el ideal se convirtiera en fanatismo y se olvidó de la razón. En realidad el fanático es un esclavo: está atado a una pasión que lo domina.

Lo sucesivo y lo simultáneo…

Fecha: 31 de julio de 2019 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0
El tiempo posee una dirección. Sólo una y nada mas. Kant dijo (y nos sigue diciendo) que «tiempos diferentes no son simultáneos, sino sucesivos, al igual que espacios distintos no son sucesivos, sino simultáneos» (la cita es del capítulo La estética trascendental, en la obra Crítica de la razón pura).
 
Suena lógico, pero eso sólo ocurre en la precisión filosófica y científica. En nuestra cabeza ocurre otra historia. Por alguna razón lo lógico se escapa de nuestra vida cotidiana y tendemos a refugiarnos en lo fantástico, como si nuestra mente quisiera manipular a la realidad. De esa forma, las malas experiencias que enfrentamos a lo largo de nuestra vida (los golpes, los desaires, las ofensas, las imposibilidades, los malos tratos, las decepciones y un largo etcétera) tienden a unificarse de golpe en nuestro presente.
 
Así, por ejemplo, si la pareja de alguien dejó de hacer algo hace veinte años, hace otra cosa desagradable diez años después y una cosa más apenas hace dos días, esos errores (o supuestos errores) se acumulan en la mente de la pareja «víctima» como si fueran simultáneos. Lo peor es que no acaba allí la historia. Esa acumulación de tiempos distintos se vuelve un argumento y se revive hasta el hartazgo, creando una realidad alternativa que no sólo se repite con palabras, sino que se experimenta con más fuerza cada vez.
 
En suma, las malas experiencias se vuelven simultáneas en nuestra cabeza y las revivimos sucesivamente, hasta el infinito.
 
Kant debió advertirnos que la lógica es sólo para kantianos. Por desgracia no aplica en la vida de nosotros, los demás, en la vida cotidiana. Estamos tan acostumbrados a sufrir por lo pasado que la lógica, la ciencia y la realidad no tienen importancia.