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Fanatismo y esclavitud

Fecha: 5 de agosto de 2019 Categoría: La inspiración clásica Comentarios: 0

Schiller dijo que el entusiasmo de cualquier tipo, sea religioso, político, literario o idealista, incluso el entusiasmo por los más altos valores del ser, como la libertad, se convierte con facilidad en fanatismo ciego cuando la razón queda despojada de poder. Es posible advertir cuando ocurre tal pérdida de poder de la razón: es cuando el impulso vital, la pasión, actúa hacia fuera y no hacia adentro. Es el caso de los grandes revolucionarios, (en apariencia), que intentan cambiarlo todo menos sus propios hábitos mentales, sus propias obsesiones, sus propios delirios. Así, emprenden lances contra los molinos de viento que miran al pasar pero no se atreven a tocar lo que bulle en su propio espíritu. Es como intentar cambiar la forma sin llegar a la sustancia, a lo profundo. Por eso, para Schiller, el fanático de cualquier pasión (insistamos: incluso de la mayor pasión de todas, llámese justicia, libertad, democracia o lo que sea), es un ser aprisionado en su interior. Por eso ataca con furia lo que considera incorrecto o adverso a su propia idea, partido, credo, opinión o fe. Lo antagónico le enfurece, porque dejó que el ideal se convirtiera en fanatismo y se olvidó de la razón. En realidad el fanático es un esclavo: está atado a una pasión que lo domina.

Lo sucesivo y lo simultáneo…

Fecha: 31 de julio de 2019 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0
El tiempo posee una dirección. Sólo una y nada mas. Kant dijo (y nos sigue diciendo) que «tiempos diferentes no son simultáneos, sino sucesivos, al igual que espacios distintos no son sucesivos, sino simultáneos» (la cita es del capítulo La estética trascendental, en la obra Crítica de la razón pura).
 
Suena lógico, pero eso sólo ocurre en la precisión filosófica y científica. En nuestra cabeza ocurre otra historia. Por alguna razón lo lógico se escapa de nuestra vida cotidiana y tendemos a refugiarnos en lo fantástico, como si nuestra mente quisiera manipular a la realidad. De esa forma, las malas experiencias que enfrentamos a lo largo de nuestra vida (los golpes, los desaires, las ofensas, las imposibilidades, los malos tratos, las decepciones y un largo etcétera) tienden a unificarse de golpe en nuestro presente.
 
Así, por ejemplo, si la pareja de alguien dejó de hacer algo hace veinte años, hace otra cosa desagradable diez años después y una cosa más apenas hace dos días, esos errores (o supuestos errores) se acumulan en la mente de la pareja «víctima» como si fueran simultáneos. Lo peor es que no acaba allí la historia. Esa acumulación de tiempos distintos se vuelve un argumento y se revive hasta el hartazgo, creando una realidad alternativa que no sólo se repite con palabras, sino que se experimenta con más fuerza cada vez.
 
En suma, las malas experiencias se vuelven simultáneas en nuestra cabeza y las revivimos sucesivamente, hasta el infinito.
 
Kant debió advertirnos que la lógica es sólo para kantianos. Por desgracia no aplica en la vida de nosotros, los demás, en la vida cotidiana. Estamos tan acostumbrados a sufrir por lo pasado que la lógica, la ciencia y la realidad no tienen importancia.

La maldad en la cabeza

Fecha: 29 de julio de 2019 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0
El periodista Stephen Michaud entrevistó a Ted Bundy en 1980. Las decenas de horas de grabación constituyen un testimonio insólito sobre la mente de un asesino en serie. Es posible ver un magnífico documental al respecto por Netflix: “Conversaciones con un asesino: las cintas de Ted Bundy”. Algunos detalles de estas cintas son memorables. Por ejemplo, el citado periodista dice que, algún momento, Bundy comenzó a hablarle de algo extraño que identificó como “la entidad”. Es decir, una presencia siniestra que controló sus pensamientos, llenándolos de fantasías homicidas.
 
El periodista da otro inquietante testimonio: cuando Bundy hablaba de los crímenes que se le atribuían parecía revivirlos y su mirada se tornaba oscura. Afirma, incluso, que sus ojos azules se volvían casi negros.
 
Cuando vi el documental, dirigido por Joe Berlinger, recordé que otros homicidas seriales afirmaron en su momento algo parecido. Por ejemplo, David Berkowitz, apodado como “El hijo de Sam”, declaró que el perro de su vecino, poseído por algo maligno, le había ordenado (a ladridos) cometer los crímenes. Algún especialista podrá explicar, con desenfado, que eso era un caso de esquizofrenia. Cierto, pero no toda esquizofrenia lleva al homicidio y menos al homicidio en serie.
 
Para las personas religiosas no hay duda: el mal existe y se puede expresar de tal forma que genera una influencia en la vida cotidiana. Una mente científica podría decir, quizás, que nuestra mente posee mecanismos inconscientes, instintivos y salvajes, que pueden aflorar de vez en cuando si se debilitan nuestras zonas de racionalidad, situadas en las partes más evolucionadas de nuestro encéfalo.
 
Meditaba sobre eso cuando recibí un mensaje de un estimado amigo, pastor de una iglesia cristiana, variante de la fe que no comparto pero que respeto. Mi amigo me envío una reflexión sobre la presencia del mal en la vida cotidiana. De acuerdo con esta reflexión el mal está siempre al acecho de nuestras debilidades, como un depredador observando a su presa. Si el ser humano rechaza el bien en su actividad diaria, si se debilitan sus defensas racionales, si se deja llevar por la tentación, el mal ataca.
 
El texto utilizó una curiosa analogía: las líneas aéreas. Estas líneas poseen muchos controles de seguridad y cada vuelo es supervisado minuciosamente por un ejército de técnicos e ingenieros. Tan extremas medidas de seguridad limitan a casi el cero la posibilidad de un accidente. No al cien por ciento, claro, pues los accidentes siempre pueden ocurrir, pero las probabilidades se reducen. De esa forma, una persona cuidadosa de su propia mente y espíritu, que vive con orden, que controla su actuar y que procede con bien en su vida, difícilmente podrá ser vencido por la tentación del mal. Pero la vida juega duro: a cada instante surgen malos momentos, dificultades, circunstancias adversas (se les conoce como «detonantes»), y todo ello genera debilidad en los mecanismos racionales de los seres humanos. El bien, entonces, queda debilitado frente al mal.
 
Las personas que generan agresión en su vida cotidiana, que viven sin orden, que están cercanos al instinto y se alejan de la racionalidad, pueden en cualquier momento ser víctimas del mal, sea una entidad o simplemente una zona oscura de nuestra cabeza.

Una humillación bajo la lluvia

Fecha: 26 de julio de 2019 Categoría: Historias al pasar... Comentarios: 0
Llegué en medio de la tormenta. Tuve que esperar un buen rato para salir del vehículo. Por fin pude hacerlo. La lluvia y el viento se fueron, pero las calles se volvieron ríos caudalosos y los caminantes se apretujaron en las esquinas para intentar salvarlos. Podría escribirse toda una sociología sobre el paso por las calles después de la lluvia. Unos recogieron un poco su pantalón y cruzaron despreocupados. Otros eligieron esperar con paciencia a que el agua corriera (ventajas de vivir en una ciudad en declive). Algunos vadearon, esperando encontrar un paso más accesible. Yo traía puestos unos zapatos reservados para estos momentos: presentables, pero bien dispuestos para el maltrato. Estaba por cruzar a pequeños brincos (mi propia respuesta sociológica) cuando vi a unas señoras de edad madura esperando cruzar. Parecían mortificadas. Fui hacia ellas y les ofrecí mi ayuda. Puse mi pie como montículo y les di la mano como respaldo mientras se apoyaban en él. No parecían muy cómodas con eso. les daba mucha pena, pero logré convencerlas. Las amables señoras lograron el cruce con pocos daños en sus propios calzados y me dispuse a seguir por mi camino con satisfacción, como si fuera un scout cumpliendo su deber del día. Entonces llegó un muchacho con aspecto cansado. Parecía tener toda una jornada laborando en alguna obra de albañilería. Miró hacia los lados y descubrió una casa en remodelación, que a mí me pasó desapercibida. En unos minutos ya traía en la mano un par de gruesos ladrillos que colocó con estrategia sobre la corriente. Quedaron perfectos. Después pasó con tranquilidad y elegancia. El paso de ladrillos se volvió un puente de alto tránsito: todos comenzaron a utilizarlo. Yo me quedé allí, mirando el improvisado pero generoso puente. No cabe duda que la inteligencia práctica es algo que no tiene que ver con la educación formal o con la función que desempeñamos en la vida. Si poseemos cierta distinción social es por suerte, no por nuestro supuesto talento. Ese muchacho brindó algo más útil y perdurable que mis esfuerzos de unos momentos antes. Si se tratara de lograr algo digno de memoria, mis afanes se disiparían como el agua en declive, pero la obra del muchacho perduraría con una prolongada utilidad social. Me encogí de hombros y seguí caminando, con un pie adolorido y remojado. Bastantes humillaciones me dejó este lluvioso día.

Estrategia

Fecha: 22 de julio de 2019 Categoría: Agudezas Comentarios: 0

El sobrepeso nos ayuda a sobrevivir. Es una estrategia: nos acolchonamos frente al mundo.