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Tortugas que caen del cielo

Fecha: 1 de diciembre de 2017 Categoría: Atisbos Comentarios: 0

Se dice que Esquilo, el gran escritor trágico, murió en Sicilia por la torpeza de un águila que intentaba romper el caparazón de una tortuga: la dejó caer sobre la redonda y calva cabeza del dramaturgo, pensando que era una blanca roca. Es una invención, claro, pero se volvió leyenda con facilidad y, hasta la fecha, decenas de aspirantes a eruditos caen en la trampa volviendo a contar la absurda historia. No es extraño: a muchos ociosos la realidad les parece insuficiente y quieren adornarla. De cualquier forma la historia me despierta miedos y cada que voy al campo miro al cielo para ver si algún proyectil se dirige hacia mi cabeza, que es grande, redonda y sin cabellos (quedé calvo entre los treinta y los cuarenta, a pesar del matorral que presumía en mis veinte), tanto así que bien podría asemejar una roca para aves despistadas o miopes. Sé que por los campos de Colima no deambulan las tortugas. Tampoco sé de aves colimenses que rompan huesos o caparazones desde las alturas y el famoso buitre «quebrantahuesos» (Gypaetus barbatus) no anida en América, según tengo entendido, pero nunca se sabe y es preferible la prudencia. Así que si alguien me ve mirando hacia arriba no suponga, por favor, que estoy buscando ovnis: ando evitando colisiones.

Deprimido

Fecha: 1 de diciembre de 2017 Categoría: Agudezas Comentarios: 0

Es tan deprimente la depresión…

Identidad

Fecha: 1 de diciembre de 2017 Categoría: Agudezas Comentarios: 0

Somos un poco de esto, otro de aquello y mucho más de lo que alguien hizo con nosotros.‬

Duda

Fecha: 1 de diciembre de 2017 Categoría: Agudezas Comentarios: 0

¿Somos lo que queremos o lo que se puede?
¿Somos lo que nos proponemos o lo que alguien nos deja ser?

Volver a ser

Fecha: 1 de diciembre de 2017 Categoría: Atisbos Comentarios: 0

Ayer fui al jardín. La tarde llena de magia. Los niños se columpiaban levantando sus cabezas al cielo y abriendo sus labios para recibir la lluvia. Fui a un columpio y los imité. Recordé que hacía lo mismo en el Jardín de San Francisco, aquellas tardes de lluvia cuando tenía esa edad. Los niños me miraron con regocijo: un hombre que desafía a los años y se deja columpiar mientras bebe del cielo. Por unos instantes volví a empaparme. Volví a ser.